martes, 12 de marzo de 2024

INVIERNO LEJANO, 1. Norte del Taillon.

 

 



INVIERNO LEJANO, 1.

Norte del Taillon.

Finales de enero, apenas hay nieve en el Piri y las temperaturas son más que primaverales. ¡Qué lejano parece el invierno! A mí me urge estrenar mis botas de alpinismo, las viejas pasaron a mejor vida este verano en Chamonix. Algo habrá que hacer.

Se instala un potente anticiclón, pero apenas hay materia prima, salvo en cotas muy altas. El primer muro de Gavarnie está seco, pero como era de esperar las goulottes del Taillon están en condiciones. También llegan noticias de la zona de Vielha. Planeo con Txingu una escapada hacia allí, pero la gripe nos lo impide.

Y por fin, una piada prometedora de la cara Norte del Taillon. Hablo con los amigos y Pablo responde enseguida. Ya sabía yo que le tenía ganas… Gontzal también nos acompaña. Él prefiere darse una vuelta con los esquís de travesía pero nos dará soporte logístico, lo que siempre es de agradecer, je je.

A las 6:40 arrancamos la pateada desde el parking de Especières (1650 m). La noche es clara, hay luna llena y avanzamos sin frontal. La visión de las pistas de esquí prácticamente sin nieve es penosa, pero nos facilita la marcha. La poca que hay está transformada y helada, pronto ponemos los crampones. La zona próxima al col de Bujaruelo (2270 m) es una auténtica pista de hielo, pero a partir de aquí la montaña luce hermosa, blanca y resplandeciente al sol matinal. Está saliendo el sol.

Por delante nuestro, bastantes cordadas se afanan en el cono de acceso al glaciar de Gabietús. La mayoría vienen de Aragón por el col de Bujaruelo, y nos llevan una buena hora de ventaja. ¡Vaya madrugón! En la cara N del Taillon, una cordada ya ha entrado a la vía y otra se está acercando a la base. Seguimos sus huellas, y la aproximación es cómoda.

Son las 9:30 cuando entramos en la vía. Nuestras mochilas son ligeras. Llevamos 6 expreses (dos disipadoras), 5 tornillos (4 cortos), tres pitones, unos pocos fisus y friends y un ancla cada uno. Solo llevamos una cuerda.

-          ¿Qué tal lo ves, Pablo? ¿Vamos sin cuerda?

Las condiciones son óptimas, nieve helada con una ligera huella apenas esbozada. Enseguida, en el corredor de entrada tropezamos con un resalte más pino, unos 60 o 65º de nieve más dura en la que solo entran las puntas. Cuic, cuic. Crampones y piolets muerden de maravilla. La temperatura es también ideal, fresquita, sin más. De hecho, empezamos la escalada con los guantes de aproximación, aunque tras 100 m de pared paramos en una repisa para cambiarlos por otros más calientes.

…………………

Tengo un vago recuerdo de mi primer contacto con esta vía, hace… ¿40 años? Fue durante una fastuosa Semana Santa en la que también ascendimos el Swan y la Norte del Perdido, con vivac en Tucarroya. ¿Qué botas llevaba? ¿Tal vez esos tochos Cabrit de cuero que ahora almacenan polvo en un apal del garaje? ¿Qué ropa llevaría? Yo creo que no iba con el “libertario” de lona azul, símbolo de una época. Tendría algún forro polar por aquel entonces? O tal vez iba con jersey de lana bajo el “canguro doble” que por entonces nos parecía lo más de lo más. Lo que sí recuerdo es que crampones y piolet eran de la soci. Un único piolet, de esos hermosos y venerables con mango de madera, similares al “Super Conta” que hace un par de años me traje de un mercadillo en Chamonix, y que ahora adorna la chimenea. ¿Cómo estaría la pared? Tengo vagos recuerdos de nieve blanda, pero cómoda para ascender, sobre todo con la huellas hecha. Creo que pasamos un pequeño resalte en roca. ¿Fue allí donde metimos un pitón, o aquello fue en la norte del Anayet? Estábamos Juan, Txingu y yo, y un amigo de Donostia que tras la paliza del Perdido decidió no venir. No tengo fotos de aquella época, no tenía cámara, y esa es una de las razones que me hacían desear volver.  La nostalgia es tal vez cosa de la edad. ¡Con qué alegría volví a recorrer la Norte del Anayet con el siempre añorado Scottish Carlos! Y además le añadimos una entrada de los más picante…

En lo que a Pablo respecto, imagino que sus ganas vendrán de tratarse de una de las Cien mejores.

En 40 años han cambiado muchas cosas. Ha cambiado el material, así como los gustos y preferencias de los escaladores. Una serie de accidentes han contribuido a crear una cierta leyenda negra en torno a esta pared. En efecto, si las condiciones son malas, si la nieve está avalanchosa, o si una ligera capa de nieve polvo recubre una base bien helada, puede ser un terreno muy peligroso. Pero hoy no hay nada de eso, solo una noble rampa helada. Eso sí, no hay que tropezar, pues la autodetención sería imposible.

Hoy este tipo de vías no son muy populares, la gente prefiere las cascadas, más difíciles pero de mejor protección, o corredores más encajados que permitan protegerse en roca. Y sin embargo, son estas líneas de nieve helada las que vieron nacer el alpinismo, con sus interminables hileras de peldaños tallados a golpe de piolet… El patio está en ellas bien presente, y presentan un carácter muy particular. Y esa es la otra razón que me impulsaba a volver. ¡Cómo resistirse a la belleza de esta pared trapezoidal, a la magia de estas rampas de roca mediocre que el invierno convierte en estéticos toboganes donde uno juega a dibujar trayectorias que te conduzcan hasta la cima sin dejar la nieve, sorteando las barras rocosas!

………………

Subimos a buen ritmo, alternando rampas a 45º con resaltes más pendientes, algunos de ellos en hielo. Esa será la tónica en toda la ascensión. A media pared llego a la altura de la cordada que nos precede. Ellos suben a largos, protegiendo a veces las rampas con estacas, de manera rápida y eficiente. Por un momento dudo si adelantarles, pero finalmente espero a Pablo, que se ha retrasado un poco.

A partir de ahí sacamos la cuerda. En tres largos ensembles llegamos a la cresta muy cerca de la cima, montando reuniones en roca y protegiendo a veces los resaltes con tornillos cortos. Hay que admitir que las pausas  en las reuniones son de agradecer. En total, serán 8 resaltes de 60-65º, alguno tal vez de 70º, de ellos dos o tres de hielo.

Son las 13:15 cuando Pablo sale de la sombra de la pared a la luz de la arista. 3h 45 min, no está nada mal.  Pero la verdad es que las condiciones eran inmejorables… No podía haber salido mejor. Picamos algo, contemplando las ya familiares vistas. El paisaje es soberbio, pero en la zonas bajas apenas hay nieve…

Descendemos por el col de Gabietús (2935 m). Aquí también la huella está hecha, pero la inclinación del terreno y la nieve helada hacen que el terreno esté delicado. Nos hemos juntado muchas cordadas, salidas de la cara  N y de las goulottes. La falta de nieve ha transformado lo que suele ser una cómoda rampa en un largo de hielo y mixto bastante vertical. Hay un rappel montado, pero hay que esperar, y ahí esperamos cosa de una hora. No nos quejamos, pues el rappel es largo, de 50 m, y no llegaría con nuestra única cuerda…

La última bajada por las desoladas pistas se hace pesada, pero en fin, volvemos felices, satisfechos por la jornada, pensando cual podría ser la siguiente actividad. ¿El cercano Gabietús? ¡Ah! ¡Qué bueno sería volver al couloir de Gaube! Pero parece difícil que la cascada de salida vuelva a formarse tras el retroceso glaciar. En fin, ya veremos…

A las 17:30, tras 10 h 45 min y 1500 m de desnivel, volvemos al coche, donde Gontzal nos espera amodorrado. Como suele decir Juan, una bella jornada pirenaica en compañía de Pablo y con el apoyo de Gontzal, y un buen comienzo de temporada. Y las botas genial. Ojalá siga así.

Taillon (3144 m) cara Norte, AD sup, 50-55º, 700 m

Patxi Aiaratik

 

Bajo la pared


Hacia el col de Bujaruelo

La cordada de arriba



 
Decidimos sacar la cuerda













En el descenso. Al fondo las goulottes

Llegando al rappel

Destrepe delicado al rappel

Y por fin el rappel



Pista de hielo




domingo, 3 de marzo de 2024

AGOSTO EN CHAMONIX 3 Grevolle Direct, 300 m, 6b, Barrage d´Émosson

 

Cara SE Pta Vouilloz
Papila en Grevolle Direct

 

AGOSTO EN CHAMONIX 3

Días de ocio (y mecánica) en el Valle.



Grevolle Direct, 300 m, 6b, Barrage d´Émosson

Tras nuestra escalada expres-estress a la Aig. du Midi, toca ocuparse de la furgo. Pasaremos la mañana siguiente recorriendo ferreterías en busca de herramienta, y una pequeña sargenta metálica que encontraremos nos será de gran ayuda.

Marcos había quedado en preparar una paella para Eva y sus allegados, y finalmente será esta tarde en el pequeño jardín de Carlos. Carlos vive de alquiler en un pequeño chalet a apenas 200 m de nuestro parking-campo base. En realidad se trata de un antiguo pajar rehabilitado, una de esas pequeñas construcciones de oscura madera de pícea de una planta tan comunes en la Saboya y en el Valais.

Ayudo a mis compañeros a descargar la paellera, el fogón y la bombona de butano que Marcos guardaba en su autocaravana (es increíble la de cosas que acarrea), y luego me despido para una rápida visita a la Feria del Libro de Montaña de Passy. La verdad es que me decepciona un poco, nada que ver con la variedad y oferta de hace 10 ó 15 años. Pero en los puestos de un par de libreros de viejo encuentro dónde saciar mi ansia coleccionista.

Un par de horas más tarde estoy de vuelta en el jardín de Carlos, sentado a la mesa alrededor de la paella. En un momento dado aparece Lucía, la hija de Papila. Está trabajando a saco llevando grupos al Tour del Mont Blanc, ahorrando dinero para marchar a Patagonia este invierno. 33 años, guapilla, y fuerte, muy fuerte. Entre otras cosas, escalará la Supercanaleta al Fitz-Roy.

Un aguacero nos hace refugiarnos en el microporche del chalet. Lucía marcha a cenar con unos amigos, nosotros alargamos la velada hasta que la última botella de vino se termina…

Día siguiente, a media tarde. La tensión crece alrededor de la furgo de Papila. Hace un sol de justicia, otra ola de calor se ha instalado en el Valle. 30ºC, y ninguna sombra en el parking. Marcos ha desmontado unos manguitos para trabajar con más facilidad, pero aun así, asomado al capó de la furgo, apenas llega a la bieleta de la palanca de cambios. Pronto tiene las manos negras de grasa. Son tres la piezas que hay que montar y embutir una dentro de otra. Gracias a la sargenta metálica, las dos primera ceden rápido pero la tercera se resiste.

El tiempo pasa, los intentos se suceden, siempre infructuosos. Hay que cambiar de táctica. Marcos, habitualmente tan locuaz, permanece silencioso, concentrado y diría que sombrío. Papila hace palanca con un formón para sujetar las piezas, que finalmente Marcos intenta embutir a puro huevo, presionando con sus dedos. Yo estoy dentro de la furgo, sujetando la palanca de cambios para que no se mueva, sintiendo la presión de las manipulaciones de mis compañeros.

El tiempo pasa, la tensión crece. Silencio. Parece que todo es inútil, sin herramienta apropiada. En un taller, para un mecánico sería coser y cantar.

Y de repente Marcos rompe a soltar palabrotas a voz en grito. ¿Qué ha pasado? ¿Se ha roto algo grave?

Nada de eso ¡Las piezas han encajado! Tras un momento de desconcierto, esperamos que Marcos descanse. ¡Está como si hubiese encadenado un 7b! Después nos apresuramos a probar la furgo: las marchas entran, todo va bien!! A Papila, que llevaba días agobiado por la incertidumbre respecto a la furgo, se le cambia la cara. Los próximos días, Marcos lucirá un hermoso moratón fruto de la presión del antebrazo contra el borde del capó.

Por fin podemos volver a pensar en la montaña. A mis compañeros les hace mucha ilusión subir al Dru, cuya afilada silueta contemplamos a diario. Yo preferiría apurar las condiciones en altura mientras duren, en la travesía Rochefort-Jorasses, por ejemplo. Pero visto el curro que se ha tomado Marcos con la furgo, y dado que no tiene botas apropiadas, ni lo planteo. El Dru está bien.

……………

Marcos ha pasado una mala noche. Es un tío muy familiar, y por las noches acostumbra a tener largas conversaciones con su mujer. Ayer compartió con ella los planes de ir al Dru, y la mujer, tras una rápida búsqueda en internet, quedó horrorizada por las referencias a dificultades extremas y a sucesivos derrumbes. A Marcos se le ha contagiado su inquietud y está hecho un mar de dudas. Para cuando como de costumbre compartimos un café a las 8 de la mañana, lleva varias horas mirando blogs y previsiones meteorológicas que no hacen sino reafirmarle en sus temores. Hoy íbamos a subir a la Charpoua. La previsión es la habitual, posibles tormentas a última hora, pero está claro que para Marcos hoy no es el día. Conclusión: a menudo dar demasiada información a quien no sabe cómo valorarla es un error. ¡Bendita ignorancia!

Finalmente cancelamos la reserva para La Charpoua y nos dirigimos hacia esas paredes de camino a las cuales la furgo nos dejo tirados. Pasamos la muga con Suiza y en Finhaut tomamos el desvío al Barrage de Émosson. A bordo de nuestro tanque (7 m y 4.5 toneladas de autocaravana) ascendemos lentamente la estrecha y empinada carretera, creando una cola respetable…

Llegamos así a un paraje espectacular. Estamos a 2000 m, en el extremo NE de las Aiguilles Rouges, con todo el macizo del Mont Blanc ante nosotros. Dos grandes parkings, un restaurante con una amplia terraza con vistas abarrotada de turistas al sol, una pequeña caseta de información. Una espectacular tirolina, un trenecito que sube desde el valle, senderos balizados que en dos o tres horas conducen a yacimientos de huellas de dinosaurios, grupos de ciclistas para los que esta dura subida parece ser muy popular… Incluso hay una vía de escalada a base de presas artificiales en la pared vertical o ligeramente desplomada del embalse. 150 m entre el 6b y el 7ª, se dice pronto. Total, que hay un buen circo montado aquí.

Cae la noche y fiel a mi costumbre vivaqueo fuera. Tal y como la previsión anunciaba, el cielo se cubre y en algún momento el fulgor de los relámpagos ilumina en la lejanía la oscuridad, pero finalmente no llueve. Eso sí, sin la protección de mi pícea, la funda de vivac amanecerá perlada de rocío.

……………

Al día siguiente a eso de las 9h ya estamos en marcha hacia las paredes del Grand Perron. El día ha salido espectacular, yo voy en pantalón y manga cortas, con zapatillas de trekking. Cruzamos la pared del embalse y siguiendo una GR atravesamos un hombro hacia la izqda. La aproximación es evidente, allí está nuestra tapia, vertical y monolítica, la cara SE de la Pte Vouilloz, 2672 m. En hora y media estamos en la base.

La pared ofrece 300 m muy verticales y mantenidos, salvo el zócalo y la salida. Abundan los largos de 6c y 7ª y la verdad es que ninguna línea parece cómoda. Pero según el croquis hay dos vías en las que podríamos entrar, entre el 6ª y el 6b. Para cuando llegamos, hay ya cuatro cordadas en la pared. Dos de ellas están en una de ellas, la de la izqda, y además parecen lentos, así que vamos a la otra, Grevolle direct. Tenemos suerte, la cordada que nos precede va como un tiro, y en el 2º largo se desvía a otra línea de 7º. Genial.

Todas las vías están equipadas y son rappelables, es como si estuviéramos en Riglos o en Vilanova de Meiá. Solo que cuando en la reunión uno se relaja y mira hacia el valle, se le ofrece el incomparable panorama de espolones y glaciares que desde las Aig. Dorées se estira hasta la Aig de Goûter, pasando por la Verte, el Tacul y el Mont Blanc. La nieve recién caída aun blanquea neveros y glaciares, pero nosotros escalamos con una lifa merino manga larga, sin necesidad de jersey ni cortavientos, al igual que hace unas semanas en Picos de Europa.

Como se intuía, la escalada es mantenida y vertical, aunque nos va dejando pasar en libre. No se trata de granito, sino de gneis, y la verdad es que algún largo de 6ª/6ª+ me parece más duro que otros de 6b. Finalmente, necesitaremos poco más de 4 h y media para ascender los 10 l de vía        . Nos saltaremos el último, tumbado y de IV, que promete atascar las cuerdas al bajarlo. Los rappeles nos llevan una hora, en 7 tiradas estamos junto a las mochilas, y tras 9 h de actividad y una bonita escalada, estoy “duchándome” y afeitándome en la fuente-abrevadero del parking. A gusto con la actividad, pero por otro lado con la sensación de no haber venido a los Alpes para este tipo de escalada.

Ya que estamos aquí, no me importaría vivaquear en el col de Montets      para escalar mañana en la Aig de Praz-Torrent la superclásica Parat-Seigneur, pero mis compañeros no están por la labor. Así que regresamos a Les Tines.

Grevolle Direct, 300 m, 10 l, 6b, 13 expresses y unos tótems txikis que no usaremos.                                                                                                                 

Patxi Aiaratik

Dru, Verte y Chardonnet desde el pantano











Vertical y compacta



Uno de los 6b




 


 



PRIMAVERA EN EL ASPE Aspe (2643 m), Arista de los Murciélagos

    Tal vez el largo más bello, ascendiendo a la 2ª aguja, IV sup PRIMAVERA EN EL ASPE Aspe (2643 m), Arista de los Murciélagos Una se...