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| El corredor de acceso, rappel o destrepe |
FLORES DE HIELO
Alto Campoo, Cornón (2125 m), corredor N derecho, 250 m, III / 2+
1 de marzo del 2026
Tiempos inciertos. Hay que adaptarse y reaccionar con rapidez. Cuando se puede, claro. El fin de semana pasado, mientras estábamos en Riglos, hubo cierta actividad por la Montaña Palentina. Actividad de alpinismo, claro, de piolet y crampones, y tal vez tornillos. Actividad de esa que dábamos por descontado hace no tantos inviernos y que ahora, entre el calor, las borrascas y el riesgo de avalanchas parece cosa de ciencia ficción.
Me comentan que las condiciones eran muy buenas en el Alto Campoo. Seguimos en racha, y esta semana ha sido estable y soleada. Tal vez demasiado cálida, en realidad. Habría que echar un vistazo…
Al Alto Campoo se le considera el inicio de la Cordillera Cantábrica. Al oeste del Orhi, los Pirineos pierden altura hacia los Montes Vascos, que se estiran en una serie de cordales que atraviesan las Merindades burgalesas, y no vuelven a superar la cota 2000 hasta llegar al Alto Campoo. La verdad es que tenía ganas de patear esta zona, el inicio de una hipotética Transcantábrica que se estiraría hasta los Ancares y tal vez hasta el mar…
Para el sábado dan nubes y posibles precipitaciones, así que me planteo salir el sábado para hacer la actividad el domingo. Un par de horas de coche por bellas y tortuosas carreteras me conducen a través de las Merindades hasta el embalse del Ebro y Reinosa. Encuentro el pueblo en fiestas, celebrando “Las Marzas”, que por lo que veo tienen mucho que ver con nuestros coros de Santa Agueda. Cuadrillas cantando coplas con capotes y pantalones de pana, y calzados con zuecos de madera. A partir de aquí la carretera sube y sube buscando las auténticas fuentes del Ebro, en las laderas del Pico Tres Mares (2175 m), que domina la estación de esquí del Alto Campoo. Conduzco ya de noche, entre la niebla cerrada y el xirimiri, y a poco estoy de llevarme por delante la única vaca que pastea por estos prados.
Apenas pasado Brañavieja (1580 m), veo entre la niebla las luces de un chalet de madera junto a la carretera, y me paro a preguntar. Es el refugio Tres Mares. Allí me indican donde dejar el coche, y me comentan que esta mañana ha helado y nevado un poco. En fin, mañana veremos.
El despertador suena a las 5:30. Hay una buena helada, y afortunadamente la niebla de anoche se ha disipado y el cielo está estrellado. Una hora más tarde me pongo en marcha. Tengo que seguir la carretera que se dirige hacia el puerto del Chivo (2010 m) y el Pico Tres Mares hasta llegar a un amplio valle que se abre hacia el collado entre el Cornón (2140 m) y el Bóveda (2072 m). Es evidente.
La carretera se estira por las laderas meridionales del alto valle del Híjar, ocupado por la estación de Alto Campoo. La nieva ya empieza a escasear en estas solanas, pero a cambio está transformada y bien helada. Un estrecho nevero se estira y desciende hasta la carretera, marcado por huellas de raquetas y esquís de travesía. Es el desvío. Voy ganando altura por cómodas pendientes a la luz de la frontal, que termino por apagar poco antes del collado, a 2030 m. Son las 7:30 h. Cosa de una hora de aproximación para unos 350 m de desnivel.
Pronto localizo una estaca metálica, de la que penden unos cordinos y un mallón.
El alto valle del Híjar limita al norte con la Sierra del Cordel, que se estira desde el Pico Tres Mares hacia el este durante varios km sin perder los 2000 m. La vertiente norte de este cordal es relativamente abrupta y de carácter alpino, y está surcada por canales que han sido terreno de juego habitual para montañeros cántabros y vizcaínos. Es un terreno de dimensiones modestas y dificultades moderadas, pero por eso mismo puede estar en condiciones cuando zonas más altas están impracticables.
De entre la decena de corredores que surcan el cordal, los más repetidos parecen ser los que ascienden al Cornón, su cima más alta. Para acceder a ellos hay instalado un rappel en el collado, y otro más abajo. Hay que descender por un corredor de no más de 50º, pero las condiciones de la nieve son tan buenas que es posible destreparlo sin problemas. Así que dejo los bastones escondidos y me preparo con casco, arnés, piolets y crampones.
Tengo que perder unos 100 ó 150 m de desnivel, y después realizar un flanqueo hacia el oeste hasta visualizar las líneas. Pierdo más altura de la necesaria, para tener mejor perspectiva. ¡No quiero equivocarme de canal!
Pronto aparecen los dos corredores. El de la izquierda parece en peores condiciones, el resalte inicial se ve bastante seco y cochambroso. Podría pasar, pues no parece muy vertical, pero para qué andarse con chorradas si el de la derecha tiene tan buena pinta, con continuidad de nieve bien durita. Son las 8:00.
La aurora de rosados dedos va tiñendo el firmamento mientras asciendo el amplio cono del corredor. Antes de entrar en el estrechamiento, veo a lo lejos el cresterío de Picos de Europa.
Se supone que son cuatro largos, en los que hay un par de reuniones con cáncamos y algún clavo. La verdad es que yo no he visto nada, pero tampoco he estado especialmente atento a ello. Las condiciones eran perfectas, con una nieve bien helada, y sin hielo a la vista. Se ascendía con comodidad y rapidez por estas rampas de 45º-50º con algún resalte a 60º-65º. Sin sobresaltos, con alguna parada para recobrar el aliento, voy superando los 250 m del corredor. En los últimos metros de la pala final, la nieve está más blanda, y la ascensión se vuelve más delicada. Pero por fin clavo los piolets en la helada nieve de la vertiente sur, y aparezco en la soleada cresta. A las 9:00, estoy asomándome con cuidado sobre la pequeña cornisa, para ojear desde arriba la inclinada pendiente por la que he salido. Se ve impresionante, la verdad, no me gustaría estar allí con temperaturas más elevadas o nieve menos asentada…
Durante toda la ascensión he llevado bastante ropa, pero ahora al sol todo sobra. Me dirijo hacia la cima del Cornón. El pantano del Ebro se estira hacia poniente, y las crestas de Picos hacia el Sureste. Por el sur, las pistas de esquí ya muestran cierta actividad. Esta actividad, modesta pero tan placentera, ha sido un auténtico regalo. Recobrar los gestos del alpinista, asistir al amanecer, percibir la solidez de los anclajes de piolets y crampones… Una jornada breve pero sazonada por las incógnitas que siempre nos acompañan en terrenos desconocidos. Alpinismo km 0, a 150 km de casa. Seguro que volveré.
Regreso al parking sobre la nieve aun helada. Hay un nosequé primaveral en el ambiente, en los agujeros del nevero fluye ya el agua con alegría. Las efímeras salpicaduras se fijan a las matas de hierba y son temporalmente solidificadas por la helada nocturna. El agua caprichosa y fluida, abrazada a la vida, convertida en flores de hielo. Lo pasajero y lo permanente abrazándose, conviviendo y sucediéndose en un ciclo eterno.
Voy cruzándome con grupos de raqueteros con guía, runners y senderistas en ruta al Tres Mares. Yo también voy hacia allí, pero no al Pico, sino al refugio, y estoy un buen rato tomando un café y charlando con Jaime, el guarda. La verdad, me ha parecido un sitio de lo más agradable.
Hora de volver. Descartado ya Gavarnie, ojalá el invierno siga dando algún cuartelillo.
Patxi Aiaratik
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| Flanqueando, vista de la vertiente norte |
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| Corredor derecho del Cornón |
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| Picos de Europa al amanecer |
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| En el cono de acceso |
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| Las palas de salida |
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| En la cresta al sol. |
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| El pantano del Ebro al fondo |
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| Se ven mis huellas en la salida |
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| Pico Tres Mares |
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| Cima del Cornón |
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| Flores de hielo |
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| A orillas del pantano: Narcissus bulbocodium |

















































