sábado, 13 de junio de 2026

KALYMNOS 1 La isla inesperada…

El ferry desde Kos


El islote de Telendos visto desde Kalymnos

 

 

KALYMNOS 1

La isla inesperada…

La verdad, siempre he querido viajar a Grecia y al Egeo, pero nunca hubiera creído que mi primera visita fuera a darse de esta manera. Tampoco hubiera pensado que mis castigados músculos y articulaciones acabaran apretando este enclave sinónimo de escalada deportiva. Así de extrañas y paradójicas son las cosas.

Pues nada, que tras un largo viaje de algo más de día y medio, nuestro ferry, de nombre nada menos que Zeus Olímpico, atraca en el puerto de Pothia, capital de Kalymnos, dejándonos en el muelle con nuestras cuatro mochilas y dos petates. Un grupo de cuatros sexagenarios (o casi) con un grado (como mucho) de 6b abandonados en esta isla reputada por la calidad de su escalada y la estética de sus desplomes y chorreras. Para rozar más el absurdo, vamos buscando vías de largos, aquí donde la norma son las vías de un largo y con descuelgue, donde la escalada está segurizada al máximo y hay parabolts cada dos metros, y donde se pueden escalar días y días sin saber montar una reunión. El mundo al revés.

Pero bueno, entre los miles de vías existentes, y la casi centena de sectores, malo será que no encontremos alguna tapia donde jugar… Imprescindible por lo demás para orientarse la guía de escalada, en venta en todas las tiendas de escalada (50€, y gracias Jon por dejarnos la tuya). Llevamos la edición del 2024, y por lo que vimos ya hay vías nuevas y una edición del 2025…

Por lo demás, casitas blancas y mar azul, pequeñas playas ahora solitarias, la garriga mediterránea en flor que se eleva hacia las franjas rocosas de más o menos altura que se estiran a todo lo largo del poniente de la isla. La temporada de escalada acaba de comenzar, y toda la semana pasada, incluso esta noche, estuvo lloviendo. Los primeros días compartiremos las paredes con abundantes chorreras de agua que poco a poco irán evaporándose.

Alojados junto con otros escaladores en un acogedor hostal, con un par de salas comunes y cómodas habitaciones, nos sumergimos en un microcosmos donde todo gira en torno a la escalada. En realidad, esto no es Grecia, y no tiene mucho que ver con la isla que descubriremos en nuestro día de reposo. Es tan Grecia como Goa o Paharganj puedan ser India, o como Thamel pueda ser Nepal. Aquí, en Masouri, todo son alojamientos (que para nosotros guiris resultan coquetos y baratos), terrazas y restaurantes agradables, tiendas de souvenirs y de escalada (al menos cinco y muy bien surtidas), alquileres de motos  para acercarse a los distintos sectores… Parece que en verano este mundillo por y para la escalada entra en letargo, y se ve sustituido por un turismo más “tradicional” de playa, surf, buceo y canoa. Pero en primavera y otoño los isleños solo aparecen trabajando en los servicios que nos hacen la vida placentera a nosotros los guiris. También parece haber guiris-escaladores buscándose la vida, ofreciéndose como instructores, guías, para sesiones fotográficas o de yoga, como masajistas y fisios…

Y tras las escaladas del día, tras darlo todo escalando a torso descubierto o con top en los soleados desplomes, cuando el fresquito del crepúsculo te hace abrigarte, cuadrillas de jóvenes machacas de ambos sexos envueltos en sus plumíferos y sus gorros de lana deambulan por la única calle principal eligiendo donde ir a cenar, mezclados con grupos de viejos escaladores, curtidos y escuálidos, ellos casi siempre calvos y con gafas, todos vestidos con las mismas ropas, las mismas marcas, distintos colores. Alguna familia con hijos ya crecidos, o parejas jóvenes con bebés que seguramente pasarán más tiempo en la base de las paredes que en el parque completan el panorama.

Un mundo peculiar al que es fácil acostumbrarse, la verdad.

El agua aun está fría. El sol se pone más allá de la vecina isla de Telendos y sus paredones. Inmunes al paso del tiempo, unos leves rizos de agua van y vienen a morir en la playa. Al fondo, un txiringuito vacío y desolado. ¿Qué sería de la antigua Masouri antes de la llegada del turismo? Entre urbanización y carretera, alguna parcela de higueras y olivos permanece, como un resto arqueológico de otros tiempos, como un fosil que ahora uno mira con extrañeza, como fuera de lugar.

Patxi Aiaratik









Vistas de Pothia, principal puerto de Kalymnos


Nuestro hostal en Masouri





Las moticos de alquiler




Primeros largos para tantear.





Los matxakas



 

jueves, 28 de mayo de 2026

FLORES EN EL HIELO 3 Curavacas, Canal Sur, Abril 2026

 

 

 

Vertiente S del Curavacas con la Canal S en el centro


FLORES EN EL HIELO 3

Montaña Palentina, Curavacas, Canal Sur

Han pasado tres días desde mi visita relámpago al Espigüete, tres días de intensas lluvias en el Piri y en Euskal Herria. Pero en la Montaña Palentina solo jarreó un día, y supongo que nevaría en altura, y han seguido dos días de anticiclón. El sábado de madrugada salgo para Kalymnos. Antes, el miércoles a la tarde decido tentar la suerte de nuevo en la Sur del Curavacas (2524 m). Esta vez viajo sin prisas, disfrutando de la primavera en los paisajes de las Merindades, que algún día habrá que recorrer en bici…

Vivac en Santibáñez de Resoba. Diana a las 5:00, y a la media hora estoy conduciendo hasta Vidrieros (1330 m) de donde arranco a las 6:00 a la luz de la frontal. En estas aproximaciones nocturnas se agradece el conocer el terreno de antes, y me oriento bastante bien. El amanecer es frío (-2ºC) y despejado, y el suave desnivel de la pista no ayuda a entrar en calor. La pista se convierte en senda y durante varios minutos atravieso en la oscuridad un tupido y cerrado brezal. La senda serpentea entre los brezos cuya altura supera la mía. Tengo el viento en contra, y muy fresca la lectura de “El rastreador”… Estoy en tierra de osos, y con este aire si hubiera alguno en la senda me lo encontraría de repente sin que mi olor pudiera ponerle sobre aviso…Un poco tenso con estas ideas, los minutos parecen alargarse hasta que el brezal se diluye en la pedrera, y el horizonte se abre.

Al fondo, arriba, ya se distingue la mole oscura del Curavacas, y entre las líneas blancas que la surcan se destaca una, que accede rectilínea hasta un collado: la Canal Sur.

Las pedreras de esta montaña son una pesadez. En cuanto puedo me desvío para abordar alguno de los neveros que se estiran en las depresiones. Como es vertiente sur, la nieve aparece más alta que en el Espigüete, y solo en las canales. Esta orientación es mi aliada, pues confío que el juego del deshielo y rehielo hayan compactado la nieve reciente con rapidez. Pero juega en mi contra a partir del momento en que el sol ilumine directamente la canal. La clave consiste en recorrerla antes de que el sol la golpee.

A las 8:00 me hallo en un punto a unos 2100 m de altura, allí donde el corredor se define con nitidez. Pico y bebo algo, y me preparo. Arnés, crampones, piolets sustituyen a los bastones, que son recogidos en la mochila. La nieve está perfecta, y de nuevo un resto de viejas huellas facilita la marcha. El amanecer estira sus dedos en la distancia, por detrás mío. El sol tiñe de rojo las rocas a mi izquierda. Pero un espolón a mi derecha me protegerá con su sombra durante toda la ascensión. A las 9:30 estoy ya en el collado, a 2450 m.

La verdad es que hasta ahora está siendo una ascensión bien cómoda, entre 45 y 50º, tal vez un poco más llegando al collado. Se la supone más técnica que la NE del Espigüete, pero a mí me ha parecido más sencilla. En el collado se abren nuevas, bellas perspectivas. La nieve de hace dos días cayó con viento, y las rocas en vertiente norte aparecen perladas de hermosas flechas de hielo. Entre dos de las cimas del Curavacas aparece, espléndida, la NE del Espigüete donde estuve hace nada. Cielos, vista desde aquí hasta impresiona!

La continuación de la ruta me tenía un tanto mosqueado. Las guías hablan de un terreno a menudo tapizado de hielo, muy venteado, donde van ya varios accidentes. Para mi tranquilidad, hoy encuentro buena nieve helada, esculpida por el viento en micropenitentes. Un flanqueo, una rampa en diagonal, algún tramo a 60º por nieve bien helada y llego a una estética arista. Poco más allá, la cima (2524 m) marcada por un cencerro. Son las 10:00.

Hermosos parajes, algunos conocidos, otros por conocer, se abren a la mirada. Tiempo despejado, sin viento, el placer de dejar la mirada vagar por el paisaje solitario. Descenderé por el Callejo Grande, que ya conozco. Para acceder a él desciendo a toda cresta disfrutando de la buena nieve hasta llegar a una evidente brecha. Aquí arranca el Callejo, interminable pedrera de casi 1000 m de desnivel que desciende hasta el bosque y los primeros prados. Por suerte, ahora está parcialmente tapizado de nieve aun bien durita, y el descenso será rápido y cómodo, aun con los crampones puestos.

Según bajo, voy cruzando los primeros grupos de montañeros que suben por la canal aprovechando la bella jornada. A unos 1900 m, la nieve desaparece y no queda otra que seguir por la incómoda cascajera hasta llegar a los primeros prados (narcissus minor, y bulbocodium, y dens-canis) y a la fuente, allá  donde la montaña deja paso al valle. El sol calienta ya lo suyo, y por eso me sorprende encontrar, al borde del arroyo, nuevas flores de hielo, gotas heladas fijadas a las hierbas que se resisten a desaparecer…

A eso de las 12:00 me hallo sentado en la terraza de “El Molino” de Vidrieros, ante un buen pintxo de tortilla. ¡Cuántas veces he consultado la webcam que tienen enfocando al Curavacas!

Y así terminará para mí la temporada de alpinismo. Piolets y crampones volverán a sus refugios habituales, a sestear durante 9 meses a la espera de ser nuevamente reclamados. Y no puedo evitar una mirada a las herramientas “de verdad”, a los piolets, crampones y tornillos para escalar en hielo, más agresivos y técnicos. Una mirada triste y un tanto resignada. Tres inviernos ya  sin ver la luz ni el azulado brillo del hielo. ¿Volverán a verlo alguna vez?

Curavacas, Canal Sur, 500 m, III/2+, 45º-55º

Patxi Aiaratik









 
Al fondo el Espigüete

Cresta cimera


Flechas en la vertiente N

Callejo Grande

Flores de hielo...


Caltha palustris







viernes, 22 de mayo de 2026

FLORES EN EL HIELO 2 Espigüete, cara NE

 

 

Cara NE del Espigüete, vista desde el Curavacas

En las rampas finales


FLORES EN EL HIELO 2

Montaña Palentina, Espigüete, cara NE

Viernes a la tarde. Mando a los chavales a casa para las vacaciones de Semana Santa, y empiezo a preparar la mochila. El olfato me dice que en la Montaña Palentina habrá condiciones. Pronto marcharé con Txingu a Kalymnos y después será ya demasiado tarde para el alpinismo. Hay que aprovechar el momento.

Estos últimos años, a menudo la Cordillera Cantábrica presenta buenas condiciones mientras el Pirineo está aún demasiado cargado, y el riesgo de aludes es alto. Su menor altura conlleva menor innivación, y esta se transforma más rápido. Esta es mi esperanza.

Atravieso una vez más las Merindades de Burgos, y a la altura de Reinosa giro al sur hacia Aguilar de Campoo y Cervera de Pisuerga. El año pasado regresé encantado de la goulotte norte del Espigüete. Mañana quiero recorrer otra vertiente, la cara NE, 500 m de desnivel entre los 45º y 55º con algún tramito a 60º, dicen las guías. El problema es que al ser cara NE está expuesta al sol desde primera hora. Todo dependerá del  estado de la nieve. Si no está bien transformada, es una vertiente muy avalanchosa… Aun hay otra incógnita. Las previsiones hablan de fuertes vientos del N, con rachas que podrían llegar a los 80 km/h. Habrá que ver.

Por lo pronto, para estar más cerca de la montaña, en lugar de mi vivac habitual en los arkupes de la iglesia de Santibáñez de Resoba, me acerco al parking de Pinollano, justo donde se inicia la pista a la cascada de Mazobres, para dormir en el coche. Para cuando llego, a las 22:00 ya hay una furgoneta solitaria, y está cayendo una buena helada. Estamos a -3ºC. Eso está bien.

El despertador suena a las 5:00, y una hora después me pongo en marcha a la luz de la frontal. El parking está a 1350 m. Sigo la cómoda pista unos 20-30 minutos, y luego tomo la desviación a la izquierda que me conduce hasta el refugio de Mazobres y mi objetivo. A las 6:40 llego a la cabaña, abierta, acogedora y en un entorno precioso, justo cuando empieza a clarear. 1577 m.

El refugio se halla situado bajo la vertiente NE de la montaña, y desde el umbral voy visualizando el recorrido a seguir. Más que de un corredor, se trata de una vertiente amplia que permitiría el ascenso por varias líneas. El frío es aún vivo cuando el sol comienza a teñir de dorado la cima de la montaña y las pendientes de salida, esas que tan mala fama tienen.

Poco más tarde, a unos 1700 m, la nieve se hace continua. Está dura y helada, estoy de suerte. Me pongo arnés y crampones, pero continúo con los bastones. Las palas iniciales ganan inclinación y conducen hacia una barra rocosa con una visible cueva. A izquierda de la barra arranca un corredor que se considera el inicio de la ascensión. Son las 8:00, estoy a 1900 m. Unas rachas de viento fuertes me zarandean, me pongo el impermeable para no perder calor. A mi espalda, el macizo del Curavacas está totalmente oculto por los nubarrones, pero por delante de mí la visibilidad es buena. Sustituyo bastones por piolets.

Las reseñas hablan de un corredor con resaltes a 60º. Este año, hay tanta nieve que no pasa de 50-55º. Al salir del corredor, el terreno tumba y se abre en una amplia concavidad donde podría subirse casi por donde se quisiera, pero yo voy siguiendo obediente los marcas de viejas huellas. El sol toca ya toda la pared, pero el frío se mantiene, y la nieve sigue bien transformada. Algunas rocas lucen joyas de verglas, y a ratos alguna racha de viento me recuerda las malas previsiones. Pero por suerte no pasará de eso.

Otro resalte un poco más pino (55º) y aparecen las palas finales. La arista ya se intuye a 100 ó 150 m. La verdad es que en estas pendientes uno se siente más expuesto que al abrigo de un corredor. Me apresuro para salir de ellas. A eso de las 9:00 planto los piolets en la arista, cerca de la cima oriental de la montaña. La cresta se ve preciosa, con mucha más nieve que en mi anterior visita, incluso con alguna cornisa considerable. Sobrepaso la salida de la goulotte N y la cima E. El horizonte sigue bastante cubierto, la niebla entra y sale añadiendo magia y encanto a la escena. No hay grandes vistas, pero me siento feliz tras una ascensión sin complicaciones y por haber librado las rachas de ventarrón. Además, como ya conozco la bajada voy más tranquilo, y me permito acercarme a la cima principal (2450 m, 9:30). Allí pico y bebo algo, antes de iniciar el descenso por el corredor N.

A eso de las 10:00, desde la base del corredor diviso dos figuras que inician el descenso. Más tarde, en las primeras campas, mientras estoy fotografiando narcisos y dens-canis, llegan a mi altura. Son los de la furgoneta del parking. Yo pensaba que habrían subido siguiendo mis huellas por la NE, pero no. Han subido por la goulotte N. que también está en muy buenas condiciones. Parece que el viento allí sí les ha zumbado bien, y les ha liado las cuerdas. Es la misma cordada que luego tendrá un buen susto en el Taillon, a finales de abril.

En lugar de bajar directo al parking, me desvío de nuevo para visitar el refugio y sus alrededores a plena luz. Y con toda tranquilidad, disfrutando de las vistas de la montaña hasta que por desgracia se me ocultan, llego al coche a las 12:00, tras 6 h de jornada y 1100 m de desnivel. Una bonita ascensión sin demasiada dificultad a una hermosa montaña en condiciones óptimas, que ahora toca festejar adecuadamente en Cervera de Pisuerga con unas viandas en la feria del Domingo de Ramos…

La ventana de buen tiempo se cierra. Poco después de Aguilar de Campoo empieza a jarrear, y sigue así hasta que llego a casa. El domingo parece que tocará rocódromo…

Espigüete, (2450 m), Cara NE, 500 m, III/2, 45-55º, 6h.  

Patxi Aiaratik

Así se veía desde la cabaña



Corredor de entrada

Vista del corredor desde arriba




 

Salida a la arista

Al fondo, la cima W o principal

Mirando hacia la cima E

Goulotte N

Entrada a la goulotte


Escualidos restos de antiguas vías que Adrados consideraba clásicas



Refu de Mazobres, al fondo la NE del Espigüete






KALYMNOS 1 La isla inesperada…

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