domingo, 9 de agosto de 2026

KALYMNOS 6 Telendos, la travesía más bella.

Wild Country, Cara Sur de Telendos, 6a+


Telendos al anochecer

 

KALYMNOS 6

Telendos, la travesía más bella.

Tras la jornada de reposo, hay que volver a las “cosas serias”.

La isla de Telendos, justo frente a Masouri y nuestro hostal, ha estado siempre ahí como telón de fondo de nuestras escaladas. Cada crepúsculo, el sol se oculta a su izquierda oscureciendo su silueta en un precioso contraluz cuajado de rojos y violetas que no me canso de fotografiar. Hasta ahora la habíamos ignorado, pensando que bastante teníamos con escalar aquí, en Kalymnos. Pero consultando la guía, resulta que las paredes de más envergadura y desnivel están en la cara sur de Telendos. Y allí será donde Txingu y yo vivamos un auténtico “viaje dentro del viaje”, que a la larga se convertirá en el recuerdo más satisfactorio de este periplo griego.

Sonia y Jon preferirán quedarse a hacer deportiva en alguno de los sectores que ojeamos ayer.

La pared Sur de Telendos se estira cosa de dos km, de lado a lado de la isla. Aun no cuenta con muchas vías, pero alguna ya se ha convertido en clásica, en especial la que elegiremos: Wild Country, 265 m, 9 largos, 6ª+. La aproximación es de dos horas según la guía, y además es cara Sur, así que conviene madrugar un poco más de lo habitual.

Total, que a las  8:45 estamos ya en el embarcadero, tras 30 minutos de pateo, esperando a la lancha que nos llevará a Telendos a las 9:00. Serán 15 minutos de travesía, y somos los únicos pasajeros. El patrón del barco, con pañuelo en el pelo y larguísima barba blanca, es una extraña mezcla entre pope ortodoxo y viejo roquero.

La diminuta aldea de Telendos se alinea en una única fila de casitas tras la estrecha playa: un par de bar-restaurantes abiertos, otro par cerrado, alguna tienda de souvenirs y un par de embarcaderos. Cruzamos entre dos casas y ascendemos una pequeña colina que nos permite acceder al otro lado de la isla, junto a unos restos bizantinos. Vemos allí una playa más recogida y atractiva, y en su límite, junto a las rocas, una ermita de un blanco resplandeciente. Bonito lugar.

Pero nosotros debemos seguir la orilla en la otra dirección, bordeando una ladera inestable hasta llegar a una franja de garriga que se estira a lo largo de toda la pared, entre su arranque y el mar. Al final, patearemos cosa de hora y cuarto, a veces por buenas sendas, a veces haciendo equilibrios entre bloques siguiendo hitos, siempre por un paisaje solitario y salvaje como no habíamos encontrado en Kalymnos. La pared se estira y estira, pero a veces se abren en ella gigantescas cavidades que nos sirven para orientarnos.

A eso de las 10:30 localizamos la vía e iniciamos la escalada. Hay ya una cordada en el tercer largo, y otra tras nosotros está acercándose. Como es habitual por aquí, la vía está perfectamente equipada. La roca es a veces alucinante, repleta de curiosos relieves y presas que no me imagino cómo se habrán formado, pero que en cualquier caso te regalan con una escalada gozosa y de dificultad bastante llevadera. La mayoría de los largos anda entre el V y el V sup, pero habrá alguno más exigente. El tercer largo presenta justo al salir de la reunión unos pasos de 6ª que se me han hecho duros. Pero sin duda el largo clave es el 6º, de 6ª+. Tras hacer reunión en una cueva, en un emplazamiento con unas vistas alucinantes, hay que salir en una travesía delicada e impresionante para continuar por un muro muy vertical y de presa pequeña, donde hay que apretar bien. El primer día los 6b me parecían cómodos, y ahora sufro para sacar los 6ª+… Se ve que el cansancio va acumulándose.

Por suerte, los largos de salida no son tan exigentes, sino gozosos y super esculpidos, con un ambiente de escándalo. En cuatro horas estamos pues en lo alto de la pared. Hemos escalado los tres primeros largos a la sombra, y los demás en parte, gracias al día nublado. Así que con dos litros de agua será suficiente.

Las alturas de la isla forman una meseta ondulada cubierta de monte bajo. Vamos siguiendo hitos en busca del punto más elevado de la isla, marcado por un vértice geodésico: Rachi, 459 m. Pues uno de los atractivos de esta salida es que además de la escalada, vamos a realizar la travesía de la isla, ascendiendo por el sur y descendiendo por el norte.

Desde la cima, la senda es más definida, pero el terreno es muy abrupto e incómodo. En un momento dado, divisamos bastante por debajo nuestro otra ermita encalada, Agios Konstantinos. De hecho, es el ábside de una antigua iglesia bizantina en ruinas, situada en lo más alto de una fortaleza de mayores dimensiones que la de Kasteli, aunque más deteriorada. El lugar se merece una parada. Iconos, olor a incienso, una docena de pequeñas velas encendidas…

A partir de la ermita, por senda ya más cómoda descendemos casi hasta la orilla y vamos flanqueando, con Kalymnos y sus paredes ya a la vista, hasta que casi sin darnos cuenta nos plantamos otra vez en la pequeña aldea y sus embarcaderos. Hora y media de bajada.

A las 16:30 embarcamos de nuevo, y nuestro patrón con aspecto de viejo roquero nos conduce de vuelta a Kalymnos. Ocho horas de maravilla para completar la actividad más bonita de este viaje, la travesía de Telendos escalando la cara Sur.

Todavía nos quedará un día más de escalada antes de iniciar el regreso a casa, pero tal vez sea mejor cerrar este relato así, con el recuerdo más gratificante de nuestra estancia en Kalymnos, la isla inesperada. 

 

Patxi Aiaratik

 





Ophrys sicula

Agios Konstantinos





Ophrys bertolonii


















Cara Sur de Telendos










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