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| Trepada tras ascender el Baudrimont NW |
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| Hacia la Punta de las Olas |
EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 9
La última galopada.
Una nueva jornada. Lo habitual, cierta torpeza en los movimientos, cierta galbana tras la paliza de la víspera. El frescor de la mañana, que se agradece estos días de calor. Hay ya meneo en el cercano refugio. Salimos del saco, recogemos el vivac.
Tras la vía de ayer, uno se siente más relajado, más tolerante frente al pifostio que nos rodea… La verdad es que si bien las anteriores salidas pirenaicas habían sido gratificantes, me faltaba un nosequé de severidad, de compromiso. Algo que al parecer a estas alturas solo la escalada puede darme.
Mientras desayunamos, vamos definiendo el plan. La idea es terminar nuestra estancia en Góriz con otra larga cabalgada, la última del verano, que nos conduzca hasta el col de Añisclo y luego nos traiga de vuelta tras ascender los tresmiles que nos faltan. Hoy no necesitamos material de escalada, así que caminaremos más ligeros, lo cual es de agradecer.
Partiendo de Góriz (2195 m), la GR 11 asciende suavemente hasta el collado de Arrablo (2343 m) y ofrece allí dos posibilidades. Una de ellas desciende por el barranco de la Fonblanca hasta las profundidades de Añisclo. La otra aborda un sendero en balcón, una espectacular faja pedregosa que ofrece bellas perspectivas sobre el cañón que recorrimos hace un mes. La senda está bien marcada y definida, equipada con cables en un par de tramos, nada que ver con la descripción que Bellefon hacía en su ruta Nº 23. Eran otros tiempos, más agrestes, en los que aun podían encontrarse neveros a esas altitudes.
A mitad de camino, a unos 2700 m de altitud, unos hitos marca el desvío que conduce a la Punta de las Olas (3022 m). Pasamos de largo, y tras tres horas de marcha agradable y panorámica por la GR accedemos por fin al amplio col de Añisclo (2453 m), al mismo punto que alcanzamos hace un mes tras recorrer todo el cañón desde San Urbez. Es gratificante este entrelazar recuerdos y rutas, este intentar completar en las geografías del espacio y la imaginación el siempre inagotable puzle de las montañas pirenaicas…
Desde aquí divisamos allá lejos el fondo del valle de Pineta, sus laderas verdes de prados y bosques que ascienden hasta que a nuestra altura todo deviene mineral, roquedo y pedrera, apenas subrayado por algún nevero declinante. Cielos, ¡cuánta belleza se perderá cuando los neveros ya no resistan hasta el verano!
Nuestras referencias mencionaban una posible subida a la Punta de las Olas partiendo desde el collado, pero por más que nos fijamos no lo vemos claro. Como no estamos para desperdiciar energías, optamos por desandar la GR hasta el desvío antes mencionado a cota 2700 m.
Desde allí, la senda supera la barra rocosa que domina la erea por su punto más débil, y luego atraviesa la inmensa pedrera en diagonal hasta las rocas cimeras. Nos cruzamos con alguna pareja que desciende de la cima, y en ella coincidimos con dos montañeros brindando con vino en copas de cristal por la ascensión. Son las 13:40, en poco más de cinco horas estamos en nuestro primer tresmil del día, la Punta de las Olas (3022 m).
A nuestros pies, tras un suave descenso, se extiende una meseta mineral dominada a la izquierda por la inmensa mole del Soum de Ramond. Hacia la derecha, una pequeña cresta supera escasamente los 3000 m. Es el Baudrimont SO, 3026 m. Hacia él nos dirigimos, y lo ascendemos sin más complicaciones que una pequeña trepada.
El acceso al Baudrimont NE (3045 m) parece más laborioso. No se accede desde la meseta, sino que se inicia unos 100 m bajo ella, al otro lado de un nevero bastante respetable, a cierta distancia. No es extraño que sea la cima menos visitada del macizo, ¿verdad, Pablo?
Por lo pronto, nos dirigimos a un hombro en plena ladera del Soum de Ramond, situado justo enfrente del Baudrimont NE. Atravesamos algún nevero y un caos de bloques, el cansancio se hace notar, pero bueno, al fin estamos en el hombro, a 3100 m de altura, valorando nuestras opciones. Una barrera rocosa entrecortada de terrazas nos haría perder unos 100 m hasta el nevero. Luego habría que cruzarlo y alcanzar la cima que conduciría a nuestra tercera cima.
La verdad es que da cierta pereza… Pero más pereza nos daría regresar a estos lares si la dejáramos pendiente. Así que nos ponemos a ello. Por suerte, el descenso hasta el nevero es más cómodo de lo que parecía, y está marcado por hitos. La nieve del nevero está blanda, así que sin mucho problema ascendemos la cima y regresamos al hombro en cosa de una hora, desde donde contemplamos fatigados las pronunciadas laderas de gravilla que nos separan del poderoso Soum de Ramond (3259 m).
Son otros 250 m de desnivel. ¡Buff! Al menos, nos consolamos pensando que esta será (casi) la última subida del día.
Comparando con las otras cimas hoy ascendidas, el Soum de Ramond (3259 m) ya tiene otra entidad. No en vano, son tres las Sorores, visibles y reconocibles desde el valle: Perdido, Cilindro y esta que nos queda. La subida se hace rogar y es bastante incómoda, pero por fin a eso de las 17:00 estamos en la cima. Un amplio panorama se abre hacia el sur, hacia tierras aragonesas. En primer plano aparece un ibón encerrado en un circo de acceso al parecer delicado. Parece haber un descenso directo a Góriz pasando por el ibon, e incluso nos parece intuir algún hito. Pero el terreno se ve tan abrupto y nuestras reservas de energía están tan justas que optamos por regresar por terreno conocido.
Ya solo queda bajar… a excepción de la subida a la Punta de las Olas, que hay que volver a cruzar. Subida ligera pero que se hace notar. Así que hoy habremos subido 5 veces a cota tresmil, y dos veces a una de ellas, además del Cilindro al que ascendimos ayer. Nos estamos volviendo coleccionistas de tresmiles.
Finalmente, serán las 20:00 cuando regresemos a Goriz tras 11h y media de actividad y a saber cuántos m de desnivel… Una jornada larga y estética, y bastante solitaria en realidad. Afortunadamente, fuera de Góriz y la subida al Perdido, la montaña recupera su calmada soledad.
La jornada siguiente será bastante diferente. La ruta hasta Góriz siempre está bastante transitada, y según avanza la mañana y nos acercamos a partir de la Cola de Caballo hacia la Pradera, el número y la variedad de los visitantes se multiplica. Finalmente de nuevo parecemos fuera de lugar con nuestras botas y pesadas mochilas.
En fin. Nunca había estado en Góriz. No sé si volveré, pero desde luego, ha valido la pena. La escalada al Cilindro ha sido de las buenas…
Patxi Aiaratik
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| Tras el vivac |






































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