lunes, 2 de junio de 2025

EN TIERRAS DEL CONDOR 3 Cerro Austria (5320 m) y regreso.

 

Nevado Condoriri al amanecer. Cara E

Cabeza de Condor y Ala izquierda, con su preciosa cara S

 

EN TIERRAS DEL CONDOR 3

Cerro Austria (5320 m) y regreso.

 

Tras la paliza de la víspera, finalmente amanecemos en bastante buen estado. Desayunamos sin prisas y valoramos nuestras opciones. Estirando un poco la comida podríamos quedarnos un día más para darle un tiento al Condoriri… Pero eso supondría contactar con Roque el arriero, Orlando el chófer, con el hotel de La Paz... Vamos, un lío. Además, Aitzol aun sigue con los pies tocados. Descartamos la idea. Mañana nos volvemos, pero hoy afinaremos nuestra aclimatación subiendo al Cerro Austria.

Es esta una cima situada en la cresta que limita por el oeste el gran valle que conduce hasta Chiar Khota, nuestra laguna. Si siguiéramos por la arista, terminaríamos por alcanzar la cima del Condoriri, así que las vistas prometen ser espectaculares. Además, esta montaña acostumbra a estar libre de nieve, así que su ascensión es sencilla: ni crampones ni piolet, bastan bastones y zapatillas, aunque yo preferiré ir con las botas de trekking.

El sol ilumina ya estas laderas orientadas al este cuando nos ponemos en camino. Tras un terreno ondulado de lomas pedregosas donde abundan las vizcachas, llegamos a una planicie herbosa ideal para acampar. A partir de aquí la senda está bien marcada. Nuestra ruta coincide al comienzo con la normal al Condoriri, así que estamos pendientes de las bifurcaciones. Será en la 2ª de ellas donde habrá que desviarse, en un hombro herboso junto a la surgencia de un arroyo, en un punto marcado por la presencia de un bidón pintado de blanco.

Una pareja de algo parecido a perdices nivales chapotea en el arroyo y se aleja sin demasiada prisa. En lo alto, planea otra pareja de “suerte marías” o allkamaris, pequeña rapaz del tamaño de nuestro ratonero, oportunista y descarada, que los indígenas aprecian y consideran de buen agüero. Más allá, distingo la lejana silueta de una gran carroñera, toda ella oscura salvo los blancos bordes de alas y cola. ¿Será el condor?¿O algúna otra especie, como el zopilote o gallinazo?

La senda, ancha y evidente, asciende por la izquierda hasta un collado, a 5150 m. A medida que ganamos altura, va destacándose hacia el este la hermosa mole nívea del Huaina Potosí, que esperamos poder visitar. Una vez en el collado, las vistas en efecto son impresionantes. La Cabeza del Condor se muestra en todo su esplendor, con su cortejo de glaciares. Pero la visión que más me fascina es la elegante cara Sur del Ala izquierda del Condor (5560 m), que parece estar en buenas condiciones. Una vía MD de 400 m con unos 80º de inclinación máxima.  Es ahí donde se produjo el accidente a partir del cual escribió Isabel Suppé su “Noche estrellada”… Bajo la pared, el glaciar desciende suavemente hasta desembocar en las morrenas que rodean a otra laguna espectacular, rodeada laderas terrosas multicolores: Juri Khota. Divisamos un nutrido grupo de trekkers y arrieros que tras bordear la laguna se dirigen hacia nuestro collado.

Nosotros ahora seguimos una cresta pedregosa que en poco tiempo nos conduce a la cima  del Cerro Austria (5320 m). De vuelta al collado, mientras picamos algo volvemos a recibir la visita de los “suerte Marías”, al acecho de las sobras. En vuelo su silueta blanquinegra es muy llamativa, pero posadas el blanco se oculta y son más feúchas. Su descaro e inteligencia las hace parecerse a las urracas de nuestra tierra. Desde el collado, sigo unas vagas sendas en dirección al glaciar del Ala Izquierda, pero no me queda claro el acceso. ¿Tal vez desde Juri Khota? Además al norte de esta laguna hay un par de nevados con estéticas y relativamente cómodas vías de acceso.

En cosa de 4 h estamos de vuelta en el campo base. La tarde discurre entre siestas, paseos y charlas. Aparece Roque con su hijita Maité, de seis años, que hoy no tiene clase. Además de arriero, es el dueño, o al menos el encargado del refugio. Dispone de dos habitaciones con cocina y butano, una de ellas a disposición de los guías, y otra más amplia con colchonetas en el suelo para dormir. La noche cuesta 3 €, o 30 Bs, o bien 15 Bs si se monta la tienda. El agua se trae desde bastante distancia y es de fiar, nos asegura Roque. La verdad es que no tendremos problemas, incluso sin pastillas potabilizadoras.

Las temperaturas diurnas al sol son agradables, pero bajan bastante a la sombra o al ponerse el sol. El amanecer más frío será de -7ºC, bastante llevadero a decir verdad. Podríamos habernos arreglado con sacos y plumíferos menos totxos, pero nunca se sabe…

………………

Madrugada, 02:00 horas. Salgo de la tienda desvelado y veo luz en la carpa de Luca y Ramiro, nuestros vecinos argentinos. ¡Qué raro!

Cuando nos despertamos esa mañana, sorpresa. La tienda de los argentinos ya no está, y sus petates están junto a las nuestras, con una nota. Luca no acababa de aclimatar, y esta noche se ha puesto peor. Ramiro tiene un aparatito para medir la saturación de oxígeno en la sangre, y cuando ha visto la lectura han decidido salir pitando rumbo al hospital. Joder. Espero que todo acabe bien.

Nosotros nos ocuparemos de que Roque baje los petates y Orlando los lleve hasta su hotel.

Por lo demás, todo bien. El día luce esplendoroso, como siempre, y como casi todos los días que estaremos en este país. Habíamos quedado a las 12 h con Orlando en la Rinconada, así que ayer quedamos con Roque a las 10 h para recoger los petates. Pero hoy nos toca aprender que en Bolivia todo es relativo, sobre todo los horarios. A lo largo de esta estancia comprobaremos que la puntualidad es importante sobre todo para nosotros.

Aunque tenemos cita a las 10 h, Roque ya anda trajinando por aquí a las 8h, metiéndonos prisa. Se ve que le habrán salido más porteos. Cargamos los petates de los argentinos en la moto, y se marcha. Así podemos terminar de secar las tiendas. A la noche, la transpiración se congela y se llenan de escarcha, que ahora hay que secar al sol.

A eso de las 10 h iniciamos el descenso. Los tres petates de la subida se han convertido en dos, y ahora bajamos mochilas más pesadas. Por delante va Roque, con la moto bien cargada. Atravesamos un hermoso rebaño de llamas y alpacas de colorido pelaje. Estas últimas son especialmente bonitas, de aspecto más fino y delicado. A menudo me doy la vuelta para contemplar el fiero Condoriri. ¡Ojalá podamos volver a visitarlo!

A eso de las 11 h estamos en la Rinconada. Ya hay allí varias furgonetas, y aun aparecerán más. La espera se hace larga, y paseo por las riberas del arroyo por donde pastean ovejas y llamas, espantando a las gaviotas y a esos curiosos gansos que siempre van por parejas (piuquén o ganso andino).

Bien pasadas las 12h, nos mosqueamos y nos acercamos a la granja de Roque, un km más allá. Y allí nos los encontramos a los dos, Roque y Orlando, platicando tranquilamente al sol.  Habíamos quedado claramente en que a las 12h en la Rinconada, y no en la granja. En fin…

Finalmente cargamos la furgo y volvemos a La Paz. Recorremos de nuevo el ondulado valle, salpicado de granjas y ganado, llamas y alpacas en su mayoría, aunque también ovejas y alguna vaca. Tierras ásperas y ventosas, de laderas pedregosas, ausentes de cualquier tipo de árbol, sin más alegrías que el discurrir del arroyo en mitad de una estrecha pradera mil veces mordisqueada pero aun verde. En una orilla se ve una fila de escuálidos chopos jóvenes, recién trasplantados y protegidos por tubos de plástico del diente del ganado. Está por ver que puedan progresar.

Después volvemos a ascender al altiplano, la puna llana y pedregosa, donde la hierba se hace rala, coriácea y escasa. Lo atravesamos, y arribamos de nuevo a esa especie de tierra de nadie que no es ni puna ni ciudad, ni altiplano ni campiña, ni naturaleza ni arrabal, pero que ya tiene algo de las dos. La pista de tierra se transforma en asfalto, aparecen viviendas, plásticos y basura en las cunetas. La Paz en cambio es una ciudad limpia, a diario cuadrillas de barrenderos se esmeran en la tarea.

A la entrada al Alto, de nuevo el tráfico, y las gasolineras abarrotadas. Hay tensión en el país por la falta de suministro, sobre todo de gasoil. Los transportistas amenazan con bloquear la capital. Descendemos ya hacia el embudo de La Paz, cuando nos da un antojo de pollo. Cantidad de chiringuitos de comidas se alinean en la calle en cuesta. Por 16 Bs cada uno (1´60 €) nos damos un atracón de pollo asado con arroz y patatas fritas. A eso de las 16:00 estamos ya en nuestro hotel, listos para la ducha y la siesta…

Así termina nuestra primera incursión en la Cordillera Real. Hermosas montañas…

Patxi Aiaratik

 


Ganso andino, Oressochen melanopterus

Alpacas


Esperando

Rinconada, la granja de Roque


La Rinconada














Lagidium viscacia

Vizcacha




Escarcha al amanecer

Los cuatro con Ramiro, Luca disparando


Phalcoboenus megalopterus

Suerte maría o Allkamari






Laguna Juri Khota

Huaina Potosí

Ala izqda, cara S, 400 m MD




Perdiz de Darwin, Nothura darwinii

Laguna Chiar Khota, campo base



Cerro Austria

 

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