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| Vertiente S del Curavacas con la Canal S en el centro |
FLORES EN EL HIELO 3
Montaña Palentina, Curavacas, Canal Sur
Han pasado tres días desde mi visita relámpago al Espigüete, tres días de intensas lluvias en el Piri y en Euskal Herria. Pero en la Montaña Palentina solo jarreó un día, y supongo que nevaría en altura, y han seguido dos días de anticiclón. El sábado de madrugada salgo para Kalymnos. Antes, el miércoles a la tarde decido tentar la suerte de nuevo en la Sur del Curavacas (2524 m). Esta vez viajo sin prisas, disfrutando de la primavera en los paisajes de las Merindades, que algún día habrá que recorrer en bici…
Vivac en Santibáñez de Resoba. Diana a las 5:00, y a la media hora estoy conduciendo hasta Vidrieros (1330 m) de donde arranco a las 6:00 a la luz de la frontal. En estas aproximaciones nocturnas se agradece el conocer el terreno de antes, y me oriento bastante bien. El amanecer es frío (-2ºC) y despejado, y el suave desnivel de la pista no ayuda a entrar en calor. La pista se convierte en senda y durante varios minutos atravieso en la oscuridad un tupido y cerrado brezal. La senda serpentea entre los brezos cuya altura supera la mía. Tengo el viento en contra, y muy fresca la lectura de “El rastreador”… Estoy en tierra de osos, y con este aire si hubiera alguno en la senda me lo encontraría de repente sin que mi olor pudiera ponerle sobre aviso…Un poco tenso con estas ideas, los minutos parecen alargarse hasta que el brezal se diluye en la pedrera, y el horizonte se abre.
Al fondo, arriba, ya se distingue la mole oscura del Curavacas, y entre las líneas blancas que la surcan se destaca una, que accede rectilínea hasta un collado: la Canal Sur.
Las pedreras de esta montaña son una pesadez. En cuanto puedo me desvío para abordar alguno de los neveros que se estiran en las depresiones. Como es vertiente sur, la nieve aparece más alta que en el Espigüete, y solo en las canales. Esta orientación es mi aliada, pues confío que el juego del deshielo y rehielo hayan compactado la nieve reciente con rapidez. Pero juega en mi contra a partir del momento en que el sol ilumine directamente la canal. La clave consiste en recorrerla antes de que el sol la golpee.
A las 8:00 me hallo en un punto a unos 2100 m de altura, allí donde el corredor se define con nitidez. Pico y bebo algo, y me preparo. Arnés, crampones, piolets sustituyen a los bastones, que son recogidos en la mochila. La nieve está perfecta, y de nuevo un resto de viejas huellas facilita la marcha. El amanecer estira sus dedos en la distancia, por detrás mío. El sol tiñe de rojo las rocas a mi izquierda. Pero un espolón a mi derecha me protegerá con su sombra durante toda la ascensión. A las 9:30 estoy ya en el collado, a 2450 m.
La verdad es que hasta ahora está siendo una ascensión bien cómoda, entre 45 y 50º, tal vez un poco más llegando al collado. Se la supone más técnica que la NE del Espigüete, pero a mí me ha parecido más sencilla. En el collado se abren nuevas, bellas perspectivas. La nieve de hace dos días cayó con viento, y las rocas en vertiente norte aparecen perladas de hermosas flechas de hielo. Entre dos de las cimas del Curavacas aparece, espléndida, la NE del Espigüete donde estuve hace nada. Cielos, vista desde aquí hasta impresiona!
La continuación de la ruta me tenía un tanto mosqueado. Las guías hablan de un terreno a menudo tapizado de hielo, muy venteado, donde van ya varios accidentes. Para mi tranquilidad, hoy encuentro buena nieve helada, esculpida por el viento en micropenitentes. Un flanqueo, una rampa en diagonal, algún tramo a 60º por nieve bien helada y llego a una estética arista. Poco más allá, la cima (2524 m) marcada por un cencerro. Son las 10:00.
Hermosos parajes, algunos conocidos, otros por conocer, se abren a la mirada. Tiempo despejado, sin viento, el placer de dejar la mirada vagar por el paisaje solitario. Descenderé por el Callejo Grande, que ya conozco. Para acceder a él desciendo a toda cresta disfrutando de la buena nieve hasta llegar a una evidente brecha. Aquí arranca el Callejo, interminable pedrera de casi 1000 m de desnivel que desciende hasta el bosque y los primeros prados. Por suerte, ahora está parcialmente tapizado de nieve aun bien durita, y el descenso será rápido y cómodo, aun con los crampones puestos.
Según bajo, voy cruzando los primeros grupos de montañeros que suben por la canal aprovechando la bella jornada. A unos 1900 m, la nieve desaparece y no queda otra que seguir por la incómoda cascajera hasta llegar a los primeros prados (narcissus minor, y bulbocodium, y dens-canis) y a la fuente, allá donde la montaña deja paso al valle. El sol calienta ya lo suyo, y por eso me sorprende encontrar, al borde del arroyo, nuevas flores de hielo, gotas heladas fijadas a las hierbas que se resisten a desaparecer…
A eso de las 12:00 me hallo sentado en la terraza de “El Molino” de Vidrieros, ante un buen pintxo de tortilla. ¡Cuántas veces he consultado la webcam que tienen enfocando al Curavacas!
Y así terminará para mí la temporada de alpinismo. Piolets y crampones volverán a sus refugios habituales, a sestear durante 9 meses a la espera de ser nuevamente reclamados. Y no puedo evitar una mirada a las herramientas “de verdad”, a los piolets, crampones y tornillos para escalar en hielo, más agresivos y técnicos. Una mirada triste y un tanto resignada. Tres inviernos ya sin ver la luz ni el azulado brillo del hielo. ¿Volverán a verlo alguna vez?
Curavacas, Canal Sur, 500 m, III/2+, 45º-55º
Patxi Aiaratik
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| Al fondo el Espigüete |
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| Cresta cimera |
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| Flechas en la vertiente N |
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Callejo Grande
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