miércoles, 24 de diciembre de 2025

EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 8 Cilindro de Marboré (3325 m) Cara NE, Montaner-Vicente.

 

 

Juan en plena tapia

Cara NE del Cilindro

EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 8

Cilindro de Marboré (3325 m) Cara NE, Montaner-Vicente.

 

Dos horas de pateo hasta llegar al Ibon Chelau (hacia los 3000 m). En todo este tramo no hemos encontrado terreno adecuado para vivaquear, pero junto al ibón sí que hay varias tiendas, y algún que otro vivac bajo bloques. En uno de ellos dejaremos una de las mochilas de ataque con los bastones, una botella de agua y algo de picoteo.

Poco antes del ibón se desvía la senda que asciende al Perdido. Hay un hermoso nevero, pero la escupidera está seca. Hasta aquí hemos compartido ruta con muchos otros pateadores, mientras a nuestra espalda aparecía cada vez más profunda y nítida la entalladura del Cañón de Ordesa. A partir de ahora, estaremos solos.

Una pedrera incómoda y pina y una trepada por placas inclinadas nos conducen hasta el Cuello del Cilindro (3047 m). Momento hermoso y gratificante, la llegada a esta brecha horizontal y el reconocer en la otra vertiente tantos relieves en los que hemos acumulado decenas de jornadas de feliz esfuerzo. Lago de Marboré, balcón de Pineta, brecha y refugio de Tucarroya, cresta Forcarral Pineta, Astazous, Munia, Troumouse… La imaginación y el recuerdo juegan a visualizar líneas antaño recorridas. La perspectiva nos oculta Gavarnie, pero allí está el Pimené, bien visible… Y mucho más cercanas, lo que queda (suspiro) del glaciar del Perdido, y la salida del espolón de Esparrets.

No podemos apalancarnos demasiado. Son las 13:00 y desde nuestra posición apenas percibimos la pared. Tenemos que alejarnos de ella para que en lugar del gigantesco plegamiento rocoso que da forma a la vertiente sur del Cilindro, aparezca ante nuestra mirada la cara NE.

Por fin la apreciamos en su totalidad. La verdad, no se la ve muy acogedora. Una muralla vertical y sombría, entrecortada por fisuras, viras y techos. La verdad es que la roca no parece de las más sólidas. En fin, veremos. Por lo menos, ubicamos el nicho que marca el arranque de la vía, y las líneas más evidentes que marcan su recorrido.

Una travesía descendente por pedrera resbaladiza e incómoda nos conduce hasta el nicho en cuestión, donde yacen abandonados dos bastones. En equilibrio precario sobre la traicionera pedrera nos ponemos los arneses y nos equipamos. ¡Más nos valdría haberlo hecho en el collado!

Si desde el collado la pared se veía impresionante, ahora las acumulaciones de gravilla y la dudosa solidez de la roca no es que animen demasiado. Pero las referencias que tenemos de otras piadas y guías son todas buenas. Ya son las 13:15, hay que decidirse. A la derecha del nicho arranca una laja sólida, que luego se convierte en fisura donde se puede proteger. Así que arrancamos.

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Rafael Montaner pertenece a esa enorme generación de escaladores maños de los años 50 y 60, acaso hoy algo oscurecida por la sombra de gigantes como Rabadá y Navarro. Junto a ellos, y con otros compañeros, Montaner participó en la exploración sistemática de Riglos, y fue el autor de la primera guía de la zona en 1976, que tuve la suerte de encontrar en una librería de viejo. Cuando escalas clásicas como la Galletas al Firé (1959), la Serón-Millán al Pisón (1957) o el Gran Diedro de Peña Ruaba (1961) estás siguiendo los pasos de Montaner.

Sus exploraciones no se limitaron a Riglos. ¿Quíén no ha escalado la hermosa Montaner-Vicente a la Pequeña Aguja de Ansabere? Pero tal vez la más salvaje, y desde luego la más elevada y lejana de sus aperturas es esta en la que nos estamos embarcando.

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Finalmente, la línea elegida por Montaner y Bescós resultará ser bastante más sólida de lo que parece. Un sobresaliente ejercicio de intuición que logra atravesar una pared vertical y vertiginosa sin pasarse de grado, con una inteligente combinación de fisuras y travesías.

Cuanto más vertical se pone el terreno, más sólido será. Pero en las terrazas y zonas más tumbadas, a la entrada y salida de la pared, encontraremos acumulaciones de gravilla prestas a resbalar al pisar o al recoger la cuerda. Los dos primeros largos, los más fáciles, serán bastante escombreriles. .

En fin, es el peaje a pagar para entrar en el núcleo de la tapia, donde un terreno más saneado y bastante equipado permite disfrutar de la escalada y del patio, y alucinar con la desenvoltura y maestría con que Montaner y Bescós lidiaban en los 60 con una pared de esta envergadura.

Hay bastantes pitones (también en algún embarque, ojo), así como unos cuantos spits en reuniones y largos, instalados posteriormente por Javier Olivan cuando era guarda de Góriz. Así que en general la vía está bastante equipada, pero algún clavo y algún spit dan más risa que grima… Meteremos algo de material, no demasiado. Pero algún paso si queda un tanto expo, como la salida de un desplomito en el tercer largo, protegida por un spit que queda un poco bajo. Incluso acerando la salida del paso se nos hizo dura: 6ª+?

A un tercio de la pared, una gran vira la interrumpe. A partir de ella vienen los largos más bellos, que recorren en diagonal a la derecha un lienzo sólido, no demasiado difícil (V-Vsup) pero con un ambiente de escándalo. Ambiente que por desgracia no se aprecia desde las reuniones, que casi siempre son en buenas repisas y sin vista hacia abajo.

A la salida de la pared, la calidad de la roca se resiente. En los dos últimos largos hay que andar con cuidadín, pero la proximidad del final nos da alas. A las 18:30, tras cinco horas y cuarto de escalada salimos del mundo vertical, y media hora más tarde estamos en la cima del Cilindro (3325 m) disfrutando del paisaje y picando algo.

Llevábamos años hablando de esta vía y esta pared, y la verdad es que no nos ha defraudado. Hemos encontrado en ella lo que más echábamos de menos desde que llegamos a Ordesa: soledad, compromiso y aventura. El Pirineo más salvaje a escasos cientos de metros de la senda más transitada de la cordillera.  Una ruta con carácter, severa por el ambiente y el equipamiento, a no subestimar ni por el grado ni por la calidad de la roca. Pero finalmente ni tan dura ni tan rota. Y desde luego, se merece con creces su puesto en la lista de las clásicas históricas del Pirineo, tal vez incluso más que algunas de las legendarias “Cien mejores” de Bellefon.

Hemos usado 12 expreses,  de ellos muchos largos, y un juego de fisus, aliens y tótems hasta el camelot del 2. Como de costumbre en estas tapias, también porteamos maza y tres pitones por si acaso…

El descenso de la cima por la ruta normal tiene un par de destrepes en los que andar con cuidado, y luego una pedrera antipática, pero pronto estamos de nuevo junto al ibón, contemplando con envidia a tres o cuatro grupos que se aprestan a vivaquear aquí. Nosotros continuamos la bajada hasta Goriz, a donde llegamos a las 21:15 tras 11h y cuarto de actividad y 1100 m de desnivel.  

Tiempo justo para cenar con luz, y nos instalamos en nuestro vivac, agotados y felices… El sueño me alcanza, mi mente divaga, evocando visiones de quebrantahuesos y treparriscos, que nos han acompañado hoy en la pared.

Via Montaner – Bescós (1957) a la cara NE del Cilindro, 250 m, 9 largos, V+/6a

Patxi Aiaratik

 

¡Que no nos quiten el vivac!




Junto a Góriz




Cilindro




Ibon Chelau y Perdido


Tucarroya


Cuello del Cilindro

The wall


2º largo

Cuidado con las viras



5º largo


6º largo



La sexta reunión


8º largo, bastante roto

8ª reunión

Empezando el tercer largo

Travesía del 4º largo

5º largo, empieza lo mejor

5ª reu, un paso curioso para llegar a ella.

6º largo, muy bueno también

En el 7º, bueno pero con sorpresita final

7ª reunión

Salimos de la tapia!!

Cima!
















domingo, 14 de diciembre de 2025

EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 7 Fuera de lugar. Góriz.

 

 

Cilindro de Marboré

Hacia Góriz

 

EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 7

Fuera de lugar. Góriz.

Ordesa. Hermosos lienzos de roca que asoman sobre el hayedo-abetal. Paredes exigentes, vertiginosas, intimidantes. Cuando uno va justo de grado, como siempre ha sido mi caso, uno tiene que obligarse un poco para decidirse a ir. Pero al salir de la pared y hallarse de repente en la esos prados alpinos cuajados de edelweiss, con el cañón a los pies, la sensación de maravilla es inenarrable.

Hace ya años que no me agarro a sus presas, y la verdad, no sé si volveré a hacerlo. Pero es agradable contemplar las paredes, el Tozal, el Gallinero, el Libro Abierto, la Fraucata, y recordar esas jornadas de intensidad y amistad.

Volvemos a Ordesa, Juan y yo, pero esta vez nuestro objetivo es más lejano, está más alto, es más confidencial.

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Nunca había estado en Góriz. Puede parecer extraño, pero es así.

A primeros de agosto surge de nuevo la ocasión de pasar unos días en el Piri, esta vez con la Montaner-Bescós al Cilindro en el punto de mira. Obviamente, nos planteamos la aproximación desde Góriz, ese enclave que durante tantas décadas había evitado.

Visitar Torla y Ordesa en agosto puede ser desesperante, más aun en mitad de la enésima ola de calor. En el pueblo no cabe un alfiler, todas las cunetas libres hasta el Puente de los Navarros están llenas de coches, y aparentemente Policía y Guardia Civil, desbordados, han renunciado a poner multas a los coches mal aparcados.

Sabíamos ya de la obligatoriedad de subir en bus hasta la Pradera, y de la prohibición de vivaquear a menos de 2000 m. Pero eso era antes. Salseando en internet en casa antes de partir, descubro que en estos momentos está prohibido vivaquear en toda la superficie del Parque. La única opción es hacerlo junto al refugio de Góriz. Para ello hay que reservar plaza con antelación por internet, y hay un máximo de 50 plazas (que no tiendas) Además, hay que pagar 11´20 € por persona por extender el aislante y el saco…

El Parque Nacional de Ordesa es un ejemplo paradigmático de cómo las mejores intenciones se ven distorsionadas y mediatizadas por el capitalismos y la masificación estimulada por las redes sociales. Un parque que pese a suponer el máximo grado de protección posible, no ha sido capaz de evitar la extinción o el declive de especies emblemáticas. Una gestión aparentemente más interesada en el turismo que en regular actividades discutibles pero que generan lucro, como los taxis que ascienden hasta casi los 2000 m… Que primero facilita el acceso masivo y luego pretende regularlo y limitarlo, haciendo caja, por supuesto. En lo que al alpinismo y la escalada se refiere, por más histórica y tradicional que sea esta actividad, según qué y dónde quieras escalar, tendrás que pasar a modo clandestino.

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Ya es media tarde cuando el autobús nos conduce hacia la Pradera (1320 m). A esta hora ya sube poca gente, y el chofer tiene ganas de hablar… Nos informa del tope de 1800 personas simultáneas en la Pradera, echa pestes sobre los ”activistas” que serraron las clavijas de Cotatuero, y nos habla del americano desaparecido que andan buscando desde hace días. Debe ser de familia de posibles, pues después de varios días de búsqueda han empezado a peinar la zona otra vez, esta vez los militares. Parece ser que hay helicópteros y patrullas, así que nos será más difícil pasar desapercibidos. Como ya sabemos que no hay plazas, la idea es vivaquear ocultos.

La visión del Tozal desde la pradera, sobresaliendo airosa sobre el verdor del bosque, es maravillosa, como siempre. A esta hora tardía nos cruzamos con gente que desciende, pero podemos patear con bastante tranquilidad. Eso sí, el paso de miríadas de senderistas y turistas deja huella. El suelo de la pista está tan pisoteado que ya no es tierra, se ha convertido en un polvo finísimo cual arena de playa que no solo cubre el camino sino que se extiende metro y medio a ambos lados cubriendo plantas y árboles.

Es un poco triste el aspecto de esta pista polvorienta y sin bichejos. En fin, es de esperar que alejándote unas decenas de metros del camino la vida silvestre vuelva a la normalidad. Pero desde luego este no es lugar más apropiado para un naturalista, ni para un amante de los espacios salvajes… al menos en agosto. Afortunadamente, según te alejas del parking y pasadas las gradas de Soaso, salimos del bosque, y la belleza del cañón logra distraernos de nuestras sombrías meditaciones. Nada mejor que la distancia y el esfuerzo para preservar la belleza.

Llegamos por fin a la Cola de Caballo(1760 m). A partir de aquí el desnivel se hará notar, así como el peso de la mochila. Nos cruzamos con algún grupo que baja, y nos llama la atención el encontrar a una madrileña que viene desde el Mediterráneo siguiendo el GR 11. Esta mañana ha salido de Pineta, y tras subir al col de Añisclo ha llegado a Góriz hace un rato con la intención de vivaquear allí. Para encontrarse con que no hay plazas, y la alternativa que le plantean es bajar hasta… ¿Torla? ¿El camping de Bujaruelo? Poco después, nos encontramos con dos chicas guiris que nos comentan lo mismo. Parece ser que Góriz no es un lugar demasiado “friendly” con los trekkers. Si un refugio no es capaz de ofrecer hospitalidad a gente que llega de casa-dios y no tiene por qué conocer las prohibiciones, pues estamos bien.

En nuestro caso, cuando estamos casi a la vista del refugio nos desviamos para ocultarnos en una especie de vaguada protegida. Más vale ser discretos, teniendo en cuenta que el helicóptero de la UME andaba por aquí hace una hora. Son las 20:30, y el cansancio se nota. Esta vez, para escalar en el Cilindro, llevamos dos cuerdas y bastante más material que en nuestras anteriores cabalgadas por Estós-Portillon.

Cenamos y montamos el vivac. No hay agua en los alrededores, la montaña se ve bastante seca. Menos mal que aun quedaba algo en las cantimploras, pero hay que racionar. La noche será agradable y cálida. Como clandestinos que somos hoy no podré usar la frontal para leer. La verdad, tener que andar así a estas alturas, es un rollo.

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Amanece. La jornada será larga. Lo suyo sería madrugar y ponernos en marcha a las 7:00 como muy tarde. Pero yo estoy bastante neura con lo de las prohibiciones. El primer autobús sale de Torla a las 6:00, si queremos que parezca creíble que no hemos vivaqueado no podemos aparecer por el refugio antes de las 9:00.

Así lo hacemos. Cuando vemos pasar al primer runner que sube desde la pradera nos ponemos en marcha. En 10 min estamos en Góriz. Hay suerte, hay plazas libres para vivaquear. Pagaremos con la tarjeta. Anotan nuestro DNI y nos dan una factura para cada uno. Importante, nos dicen. A veces suben los guardas del Parque a visitar los vivacs, y si no tienes la factura cae la multa. Nos dan a cada uno una ficha para la ducha y una llave para una taquilla. Reorganizamos los trastos. La mochila de porteo y el material de vivac quedan en la taquilla. Continuaremos cada uno con su mochilita de ataque y el material de escalada.

En teoría, las normas son restrictivas. Hay que desmontar el vivac para las 8:00, y no se le puede instalar hasta las 19:00. Pero en realidad, veremos que no hay mucho control. A los guardas del refugio les es indiferente el horario, o el número de gente vivaqueando. Bastante curro tienen como para andar controlándolo… Ellos van a lo suyo. Así que parece sencillo vivaquear incluso junto al refugio sin registrarse… Siempre que los guardas del Parque no aparezcan.

Por lo demás, el refugio está petado. Mucha, mucha gente que se dirige invariablemente hacia el Monte Perdido a todas horas, a la mañana, a la tarde, incluso a punto de oscurecer. El trato en el refugio es cordial, pero la verdad, creo que nos sentimos un poco ajenos, un poco marcianos entre tanta gente que parece estar a otras cosas.

La mayor parte de los alojados no tiene pinta de montañero ni senderista, son “runners” con sus chalecos y sus calcetines de compresión… En las conversaciones se oye más de carreras y maratones que de montañas. Afortunadamente también aparecen algunas familias, locales y extranjeras, sin más pretensiones que enseñar a sus críos la belleza de las montañas. Escasean las mochilas, en realidad. Y mucha gente llega desde la Pradera al trote con idea de subir al Perdido y bajar en el día.

A eso de las 10:00 de la mañana, nos sumamos a la prolongada serpiente multicolor que se estira desde Góriz en dirección al Perdido.

Patxi Aiaratik

Torla

La Pradera

El libro abierto



Gradas de Soaso










Cola de caballo, empieza la subida

Las clavijas



 

Góriz

jueves, 27 de noviembre de 2025

EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 6 Desde el refugio del Portillon hasta…

 

 

 

Desde la cabaña del Turmo, mirando hacia Portillón y Seil de la Baque


Subiendo hacia la Tusse de Montarque. Al fondo, cara oeste de Quayrat y Lezat, nº 55 y 85 de las "Cien Mejores..."

EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 6

Desde el refugio del Portillon hasta…

Poco antes de las 17:00 nos ponemos de nuevo en marcha. El regreso será entretenido, pero con tanto sube y baja la fatiga se hará notar. Primero ascendemos por buen camino hasta los 2889 m de la Tusse de Montarque. Hermosas vistas y entrañables recuerdos que emergen con la contemplación de las caras oestes de Quayrat y Lezat, y las crestas del Cabrioules.

Descendemos luego por pedrera hasta un collado, y luego ascendemos entre bloques hacia el pluvíometro. Aquí nos despedimos de la vertiente de Portillon, ahora son de nuevo el Arlaud, el Gourgs Blancs y el col de Ôo los que nos marcan la dirección a seguir. A nuestra izquierda, el largo cresterío que hemos recorrido. Una morrena nos permite evitar el nevero que atravesamos a la mañana. Al final habrá que pisar nieve para bordear un laguito casi helado, pero ya no hacen falta crampones. Para acometer la última subida al collado, más vale acercarse lo más posible a la mole del Arlaud, y estar atentos para localizar unos hitos. A las 19:30 estamos en el collado.

Regresamos por fin al vivac tras una larga jornada de 12 horas y cuarto. De nuevo ha sido una hermosa cabalgada, estética y gratificante. Esta noche habrá más gente vivaqueando a orillas del lago. No es de extrañar, pues esta es una zona muy concurrida por los coleccionistas de tresmiles. Aun hay tiempo para cenar con luz, y además queda media botella de crianza para festejar la actividad. Después, cada uno en su saco evocará las impresiones de este deambular por un paisaje al que las nevadas tardías han rejuvenecido…

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Otro hermoso día ve la luz en el alto Pirineo. Una vez más, los relieves del Posets, que se despliega en infinitas crestas, atraen irresistiblemente la atención.

Albergábamos la esperanza de rematar la salida con la ascensión de los Clarabides, pero hay que rendirse a la evidencia. Tras dos intensas jornadas, nuestros cuerpos otoñales nos piden un descanso. Así que levantaremos el vivac, y de nuevo con la mochila de porteo bien llena, solo nos quedará dejarnos caer cuesta abajo hasta el Ref de Estós, y después desandar el bellísimo valle homónimo hasta el parking. Mismos paisajes, pero distinta mirada. Ahora, sentados de nuevo junto a la cabaña del Turmo, los ojos se posan en los relieves de la cresta fronteriza de otra manera… Ayer mismo estábamos allí…

Patxi Aiaratik

Saliendo del ref del Portillon

Lac du Portillon, al fond Pic y col du Potillon

Al fondo a la izqda, Cabrioules y Perdiguero.

Lac Glacé, en julio!

Tusse de Montarque, precioso mirador.

Lezat, Quayrat, recuerdos...

Sería un buen vivac, pero hay que portear el agua.

Cresta Lezat-Cabrioules y Perdiguero



Arlaud y Gourgs Blancs, de nuevo a la vista.

 


El vivac

Refugio de Estós
Cabaña

 



 

 

Las Gorges galantes


Nigritella nigra



 

 

PRIMAVERA EN EL ASPE Aspe (2643 m), Arista de los Murciélagos

    Tal vez el largo más bello, ascendiendo a la 2ª aguja, IV sup PRIMAVERA EN EL ASPE Aspe (2643 m), Arista de los Murciélagos Una se...