domingo, 12 de octubre de 2025

 

 

Juan en el tercer largo

El Pico Fenez con la Pared Lisa y la cueva

EL VERANO DE LAS GRANDES CABALGADAS 1

Pico Fenez, canaletas centrales.

 

La cosa empezó mal. Lo que iba a ser el deseado regreso a Chamonix se vio frustrado por la desastrosa meteo de inicios de julio. La inestabilidad era tan generalizada que afectaba también a los Pirineos. Pero como Juan no disponía de otras fechas, no quedó otra que improvisar, e ir adaptándose a los horarios de las tormentas.

Se inició así el verano de las grandes cabalgadas… y las grandes palizas.

Cabalgadas, aceifas, razzias: en la Edad Media, dícese de campañas rápidas y ligeras con el objetivo de capturar botín.

…………….

Estamos a 30 de junio, en plena ola de calor. Mañana se inician nuestras vacaciones. Se esperan tormentas a partir de las 15 h, pero si espabilamos, podríamos acercarnos al Pico Fenez y recorrer su famosa Pared Lisa. No habrá mucho margen, tal vez la lluvia nos alcance en la bajada, pero al menos lo intentaremos. Así que esa misma tarde recojo a Juan en Pamplona y nos dirigimos hacia Ordesa.

La Pared Lisa del pico Fenez es una actividad que nos rondaba desde hace tiempo, y que parece haberse convertido en bastante popular por su moderada dificultad y lo insólito de su escalada. Además, se accede por el valle de Bujaruelo, que no pisábamos desde hacía muchos años.

Así que a las 7:30 nos ponemos en marcha, superando fuertes pendientes por una senda que se interna en el bosque, apenas 100 m después del camping. Aproximación hermosa pero intensa, primero por el hayedo-abetal y después por prados y pedreras y alguna fácil trepada. La floración ya se percibe en la alta montaña, con sus fastos y su colorido: Iris, edelweiss, las primeras orquídeas…

Al fin aparece la pared, llamativa por su aspecto. Se trata de una inmensa placa monolítica, afortunadamente bastante tumbada, que a distancia parece lisa, pero a medida que uno se acerca va mostrando los canalizos que permiten ascenderla. En la base de la pared se abre una espaciosa cueva en la que habitualmente se conservan las nieves e hielos del invierno.

Serán tres intensas horas para superar los 1000 m de desnivel hasta la base.

A eso de las 11:00 iniciamos la escalada. La pared lleva ya tiempo al sol. Hay un pequeño nevero en la base, que no molestará. Como después de escalar tenemos intención de husmear por el interior de la cueva, hemos subido con botas de trekking, y además de los bastones porteamos frontal, piolet txikito y crampones articulados, pero por lo demás la actividad podría realizarse en zapatillas. La vía está bastante pelada, así que llevamos 12 expreses y abundante material, repitiendo los friends grandes (camelots del 2, 3 y 4).

En realidad, la vía no será gran cosa. Su escalada es bastante monótona y poco exigente en general por lo tumbado de la pared. Durante tres largos va siguiendo uno de los canalizos más evidentes de la pared, con una dificultad más de IV que de V, salvo pasos aislados. La línea es curiosa, y a veces bastante incómoda para los pies. El hecho de tener que asegurarla le añade más interés, pues apenas aparecen un par de clavos y spits, alguno bastante deteriorado. Las reuniones están montadas salvo la última, Pero la verdad, hemos escalado tubos de órgano más bonitos y exigentes en Pedraforca, en Picos, en el Anboto… Aun está fresco en mi memoria el excepcional largo de canalizos de Atxarte Bizirik a la Torre Arenera.

Tras los largos de canalizo, se supera un corto desplomito con un paso atlético y una sección más fina y bonita (Vsup), y luego el terreno pierde inclinación. En dos horas y media salimos de la vía y poco después estamos en la cima del Pico Fenez (2538 m) contemplando como poco a poco las nubes van ganando densidad y desarrollo y van adueñándose del firmamento. El Pico de Otal a un lado, los Gabietús al otro, y en frente el macizo del Vignemale. Sí, la vía de las Cannelures Centrales es una vía del montón, pero la actividad y la excursión sí que valen la pena, y más si como es nuestro caso apenas hemos pateado este valle.

El descenso a la base conlleva algún destrepillo, pero en poco tiempo estamos recogiendo el material y encaramándonos a la repisa en la que se abre la cueva. Un elegante nevero ocupa buena parte de su superficie. En su parte más baja, una galería tapizada de hielo se interna en la montaña. Nos asomamos un poco, pero la tormenta se aproxima y es mejor no demorarse.

Para cuando volvemos a la luz, ya está descargando al otro lado del valle, pero por el momento nosotros libramos. Descendemos rápido, y dejamos atrás los terrenos más incómodos. En un momento dado, Vignemale se despoja de su manto de nubes y aparece salpicado de blanco: ha debido caer una buena granizada.

A eso de las 16:00, la lluvia nos alcanza, pero ya estamos entrando en el bosque, y el tupido ramaje de hayas y abetos nos protege bastante. Al fin, tras 9 h de actividad, nos tomaremos un café en el camping de Bujaruelo, casi desierto bajo un intenso aguacero.

Por hoy hemos librado. Ahora tenemos que encontrar un buen lugar para vivaquear al abrigo de las tormentas, y habrá que idear un buen plan para mañana… Las tormentas llegarán antes, así que no habrá mucho margen.

Pico Fenez, Canaletas centrales a la Pared Lisa: 200 m, 4 largos, V (una sección de V sup), semiequipada, imprescindibles friens grandes, (Cam 2-3-4), mejor repetidos.

Patxi Aiaratik

 

Geranium cinereum


Meconopsis cambrica


En la primera reunión


Juan iniciando el 2º largo. Había un pasito.





En la 2ª reunión



En el tercer largo

Las vistas hacia la base.

No se puede negar que es una escalada vistosa


Camelots grandes para protegerse


La panzita del 4º largo, V sup, bonito tramo

Y la vista se abre...





Visitando la cueva






Esperando la tormenta

lunes, 29 de septiembre de 2025

GORGES DU TODRA 3. Paroi du Levant y final

La pared de Levante
"Hannah..." Primer largo, 5c/6a

 

GORGES DU TODRA 3.

Paroi du Levant y final


En los treintaytantos años pasados desde mi última visita, muchas cosas han cambiado. Las carreteras de Marruecos han mejorado sensiblemente. Tinerhir ha crecido, y un nuevo barrio en construcción a la entrada desde Ouarzazate amenaza con duplicar su superficie.

Pero en realidad, creo que el mayor cambio se ha producido en mí. Por aquel tiempo, si nos planteábamos bajar a Marruecos, pues cargábamos el coche e íbamos, sin más historias. Ahora en cambio, solo el pensar en conducir durante tres o cuatro días para llegar a las paredes, me produce una pereza irresistible.

Esta vez el viaje ha sido muy sencillo. Vuelo directo Bilbao-Marraquech y luego coche de alquiler hasta Todra. Despegamos a las 7:30 y a las 18:00 estamos ya instalados en nuestro albergue, el Hotel Azul, junto al palmeral y las paredes, magníficamente atendidos por Rachid y su familia.

Afortunadamente, en esta marea de cambios lo que persiste es de más calado que lo que se transforma. La agreste belleza de Todra, el hermoso laberinto del palmeral… El centro de Tinerhir permanece tal y como lo recordaba: la plaza, los cafetines y las terrazas, el pequeño bazar que se abre a uno de sus lados. Sigue siendo una pequeña ciudad, agradable y acogedora. El trato de los locales es cordial y respetuoso, así que todas las tardes, bajamos al pueblo a cenar en uno de los txiringuitos. Pero hay que admitir que la más sabrosa de nuestras cenas, con mucho, fue la que nos preparó la mujer de Rachid el día de nuestra llegada al hotel.

¡Qué fácil es acostumbrarse a este ritmo de vida tan llevadero! Empezamos con un potente y rico desayuno en el albergue, y después vamos a escalar. Habitualmente regresamos a media tarde, picamos algo de nuestra comida y luego cae una siesta. Tras ella, para espabilarnos, Txingu me enseña algunas asanas de yoga, y yo le muestro mi tabla de estiramientos. Leer, escribir algo en la terraza, tal vez un paseo por el palmeral… pero enseguida oscurece, para cuando nos damos cuenta las sombras se adueñan del valle y es hora de cenar.

El día de nuestra llegada, lluvias torrenciales caían sobre el Atlas, llegando a cortar la carretera de acceso a las Gargantas. Al día siguiente se esperaban tormentas al mediodía, y por si acaso no fuimos a escalar. Pasamos la mañana explorando el cañón y recorriendo la meseta superior, una excursión circular de tres o cuatro horas por barrancos áridos y altiplanos pedregosos en apariencia interminables, salpicados por arbustos espinosos y algunas plantas en plena floración. A la tarde nos perdemos en el palmeral y sus abandonadas kasbahs de adobes desmoronados. Por la noche callejeamos por Tinerhir, husmeando en la tiendas para abastecernos de dátiles y frutos secos. Aun no hemos tocado la roca y ya mi espíritu y mi mirada están llenas de imágenes y olores insólitos y exóticos. ¡No hemos escalado un solo largo y ya siento que ha valido la pena venirse hasta aquí! Según pasen los días, y se sumen las vías, esta sensación irá acrecentándose.

Pero no todo es tan idílico, claro. Mientras estoy en la pared, me es fácil abstraerme del entorno, pero a veces es inevitable no sentirse molesto por el circo en que a veces se convierten las Gargantas. Escalando en el Pilar de Couchant, recuerdo escuchar con asombro y horror a un grupo de turistas marroquíes, unos cincuenta, recorrer el cañon bailando en hilera y cantando a voz en grito “La Macarena” siguiendo a su guía, que además de bailar acarreaba unos altavoces.

El turismo masivo ha llegado a las Gargantas, y estamos en Semana Santa. Hace tiempo que se asfaltó la carretera que llega hasta Todra y a ciertas horas el tráfico es incesante. Y los peores somos nosotros, pues el tráfico local (hay pueblos más allá de las Gorges) es mínimo. Los turista europeos atravesamos las gargantas con nuestras furgos y autocaravanas, y estas idas y venidas, unidas a los autobuses de los grupos organizados, provocan auténticos atascos en la pista, no demasiado ancha. Todo este tráfico sería evitable, pues la mayor parte de esos vehículos no hacen más que atravesar la garganta y volver, o bien aparcar a la salida. Sería muy sencillo impedir el paso motorizado a las gargantas, y hacer que se aparcara a la entrada, a no ser que se continúe hasta los pueblos más allá…

A todo este meneo hay que añadir los abundantes moteros, y por supuesto los peatones, que deambulamos por el cañón con los ojos bien abiertos. Sin ninguna duda, las dimensiones y belleza de Todra están hechas para ser contempladas a pie… o desde la pared.

A lo largo de la base de las paredes hay instalados tenderetes multicolores de camisetas, telas teñidas de índigo, kilims… En algún sector, vías históricas de un largo se han vuelto impracticables por los tenderetes. Pero bueno, se han ido abriendo muchos más sectores en otras zonas.

En otra época, recuerdo que vivaqueábamos a la salida de las gargantas, en las terrazas en barbecho bajo el sector “Jardin d´été”. Era barato y agradable, pero claro, despertábamos la curiosidad de los locales, que a menudo se acercaban a socializar. No había mucha intimidad.

Me cuenta mi amigo Mohamed mientras me vende verduras de su huerta en su tienda en Amurrio, que este verano la policía marroquí le ha expulsado de una playa en la que estaba acampado con su familia. Si levantan así a los de origen local, no sé si hoy en día el vivac estará permitido a los extranjeros.

También recuerdo haberme alojado en alguno de los albergues a la entrada de la Garganta. Visto el movimiento que hay ahora, creo que estamos bastante mejor y más tranquilos en el Hotel Azul, a 3 km de las paredes y ajenos al bullicio. Aunque vete a saber, tal vez con el crepúsculo y la desbandada de los turistas, las gargantas recobren su magia…

…………………

Según nos acercamos a las Gargantas, enmarcada por la silueta de las palmeras una imponente pared atrae irresistiblemente la atención. Es la Pared de Levante, al sol ya a primera hora de la mañana. Está a la izquierda del cañón, más allá de la Playa de Mansur, y desde la carretera se ve vertical y compacta. En efecto, el muro principal está surcado por varias vías de largos de 7º grado. Pero en su parte izquierda, la pared está limitada por una falla, una canal que forma una especie de espolón más tumbado. Por allí discurre “Hannah chez les grands”, una vía de 2017 de 8 largos de V/Vsup, que es la elegida para nuestra primera escalada en Todra.

Es esta una de las vías que más aparecen en las piadas de internet, y a la que Sonia le tenía echado el ojo. Tiene un par de secciones de 6ª, así que puede ser un buen test para ver cómo es el grado y cómo nos desenvolvemos…

Cuatro horas más tarde estamos en lo alto de la pared. Hemos escalado al sol, la temperatura ha sido agradable gracias a la brisa, pero ojo. Llevamos manga larga y buff al cuello, ayer en el paseo los que fueron con manga corta acabaron quemados. Tampoco hay que olvidarse del gorro, ni de las cremas y gafas de sol para el descenso. En esta pared vale la pena madrugar. Nos hemos arreglado con un litro de agua por cordada, pero al final el descenso a pie se me ha hecho largo (dos horas) y he pasado sed. Mejor llevar dos litros.

Desde la carretera la vía se veía lógica y vistosa, pero luego en realidad la escalada no es para tanto. En dos largos muy buenos se supera un muro vertical donde se concentran las dificultades (V sup y un pasito de 6ª). Pero una vez en el espolón el terreno ya es más tumbado y escalonado, con una dificultad de IV y V. Poco antes de terminar, un bonito muro de 10 m, otro 6ª bastante facilito y con las chapas cerca.

Entonces, ¿a qué se debe la fama de esta vía por lo demás del montón? Pues a lo mismo a lo que se debe la notoriedad de tantas otras love-climbings abiertas en la última década en el Piri y otros lugares: vías largas, equipadas (incluso sobreequipadas), de grado amable y sin compromiso.

Ojo, esta valoración no quiere decir que no haya disfrutado de la jornada. Los primeros dos largos recorren un paño de roca muy atractivo. La magia del entorno es espectacular, y la adherencia de la roca increíble. A medida que ascendemos, a nuestra espalda se despliega la serpenteante cinta verde del palmeral, con la cual confluyen torrenteras resecas. El acceso a la pared haciendo equilibrios sobre el canal de riego es encantador. Y el largo descenso nos regala nuevas perspectivas de la garganta, el valle y las montañas, hasta que al final aparecemos de nuevo en el palmeral, separados de las viviendas por el río que cruzaremos por otro vado.

Pero no nos engañemos. Aquí, como en tantas otra zonas de escalada, las buenas vías se abrieron hace mucho, entre los 70 y los 90, cuando los aperturistas tenían todas las paredes y líneas para elegir: las más evidentes y bellas. Salvo excepciones, que siempre las hay, estas vías modernas recorren muros más discontinuos, de menor calidad, y a menudo son rebuscadas y poco lógicas. Estas vías que tanto se repiten y tanto aparecen en internet son a veces como la comida rápida: itinerarios sin personalidad, que se escalan con comodidad y rapidez y se olvidan igual de rápido.

……………

Tras bastantes años de popularidad, Todra pasó de moda y languideció. Los buscadores de líneas y escaladas más salvajes descubrieron Taghia, que le robó protagonismo. El equipamiento de las vías fue deteriorándose, y víctima de esta mala fama, las gargantas fueron quedando sin apenas escaladores. Hace unos diez años nació una asociación local que está dándole la vuelta a la situación. Poco a poco se está procediendo al reequipamiento de las líneas históricas más interesantes, al mismo tiempo que se busca terreno para nuevas vías de largos y se equipan nuevos sectores de deportiva. Todo este trabajo se divulga con la publicación de una guía muy actualizada (la última versión del 2025) que está en venta en un par de tiendas de venta y alquiler de material de escalada a la entrada de las Gorges.

El objetivo de la asociación es que vuelvan los escaladores y se dinamice la economía local, y parece que lo están consiguiendo. A partir del Jueves Santo vemos bastante gente en los sectores de deportiva, en general bastante joven, mientras que los de más edad preferimos centrarnos en las vías de largos. Hay vías largas de 7º grado, unas cuantas además, y por supuesto no puedo opinar sobre ellas. Pero respecto a las vías “factibles” me da la sensación de que tenemos dos opciones a elegir: o bien vías modernas de las que ya sabemos a qué atenernos, de grado amable y barato y sin apenas compromiso, o bien las vías históricas, más duras y exigentes pero igualmente más estéticas y gratificantes. Algunas de ellas ya equipadas para ser escalada solo con expreses, y otras no.

Elijamos lo que elijamos, hay cantidad de opciones de cada clase. Y ya quiera uno darse caña, o simplemente escalar tranquilo, cambiar de aires y desconectar en un entorno a la vez exótico y cercano, Todra vale la pena. ¡Ha sido una gran semana de vacaciones de escalada!

Y ahora, tras la tranquila simplicidad de las Gargantas, nos espera el mogollón de Marraquech. Pero eso es otra historia.

“Hannah chez les grands”, 300 m, 8-9 largos, V-Vsup muy discontinuo, dos pasos de 6ª.

Patxi Aiaratik

 





Los tenderetes en la garganta

Tras las lluvias torrenciales



En el desayuno


L


La terraza del albergue

Hacia la pared

Impresiona, pero no será para tanto.




Los primeros 60 m, muy buenos



Ya estamos fuera: Sonia

Iñaki

Los viejos pellejos


shopping


Más shopping



Turismo en el Dadés




Último desayuno


Agur Todra y Tinerhir

Hacia Marrakech


PRIMAVERA EN EL ASPE Aspe (2643 m), Arista de los Murciélagos

    Tal vez el largo más bello, ascendiendo a la 2ª aguja, IV sup PRIMAVERA EN EL ASPE Aspe (2643 m), Arista de los Murciélagos Una se...